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A 100 años de La Cumparsita, la sangre joven mantiene vivo tango

Cuando se cumple un centenario de la composición de La Cumparsita, el tango, nacido en los arrabales de Buenos Aires y Montevideo, se volvió universal. Hoy en día, crece y se renueva gracias a las nuevas generaciones que se dedican a conservar su vigencia.

A pesar de ser originario del Río de la Plata, el lenguaje del tango, la 'música ciudadana', trascendió las fronteras y conquistó el mundo. La Unesco lo declaró Patrimonio Mundial de la Humanidad, pues, según la organización, "la música, la danza y la poesía del tango son, a la vez, una encarnación y un vector de la diversidad y del diálogo cultural".

"El tango tiene esa magia del encuentro de dos seres sin conocerse, hace que te lleve a conectarte en cada sentimiento y sensación de la otra persona y por eso, cada vez son más argentinos y extranjeros los que suman al mismo", dijo a Sputnik el argentino Jonathan Spitel, campeón mundial de Tango Escenario 2009.

Para Spitel, las milongas —los tradicionales lugares bailables de tango— han evolucionado, no sólo en magnitud, sino que han incorporado otras maneras de bailar. El campeón mundial aseguró que estas no son "solo un lugar de baile, sino un encuentro de amigos y desconocidos de diferentes nacionalidades que solo el tango reúne". "Creo que el tango no hace distinción de nada ni de nadie, eso es lo mágico", expresó.

El tango, un lenguaje común a las viejas y nuevas generaciones, ha ido evolucionando junto con la sociedad. Spitel señala, por ejemplo, que también están las milongas gay. El baile tampoco se ha mantenido al margen de los avatares políticos de la sociedad rioplatense.

Aurora Lubiz, bailarina, coreógrafa y docente de tango, dijo a Sputnik que en 1983, al recuperarse la democracia en Argentina tras la dictadura que se inició en 1976, este ritmo tomó un nuevo impulso y adquirió "un protagonismo mayor en todas sus formas".

En esas épocas oscuras, "estaban prohibidas las actividades sociales". El restablecimiento de los derechos civiles "posibilitó la reapertura de clubes" y reavivó "las ganas de las personas de reencontrarse en el club barrial, en las milongas" y el tango recuperó su condición de "encuentro social".

Lubiz indicó que el tango "siempre ha sido internacional". En la década de 1940, "salían orquestas con cantantes y una pareja de baile, que iban a realizar shows a diferentes países". Sin embargo, a partir de la reapertura democrática "el mundo comienza a mirar al baile con más curiosidad, tanto como para tomarse un avión y venir a conocer Buenos Aires", indicó la profesional de esta danza.Las milongas son una de las atracciones más visitadas por los turistas. La melancolía del sonido del bandoneón, el 'lunfardo' —el dialecto porteño— de las letras y la sensualidad de los pasos de baile alimentan una mística que no se encuentra en otros lugares del planeta.

Para Lubiz, otro cambio  a lo largo de las últimas décadas es el rol de la mujer. Las mujeres de 50 años atrás, sus maestras, que le "enseñaron cómo poner los pies bailando, cómo hacer dibujos con los pies y las piernas", eran fuertes, trabajaban casi a la par que sus maridos, pero al mismo tiempo, dependían de ellos en el baile. Se mostraban "femeninas, elegantes, con decisión".

Hoy, Aurora prefiere hablar de "conductores y conducidos", porque ahora "las mujeres también conducen y toman el rol de conductores de la pareja y los hombres toman el rol de ser conducidos", aunque la bailarina cree que a veces "se exagera la idea de que la mujer tiene que ser independiente, entonces comienza a moverse y bailar sin estar conectada con el compañero". A su criterio, "la magia del baile y del encuentro" es que sea "una construcción en conjunto de dos personas que tienen tareas diferentes y al mismo tiempo se complementan".En Argentina, el tango es un denominador común que reúne gente de distintos lugares. Noelia Ivaskovic es licenciada en Ciencias de la Educación y Claudio Rupp, técnico electromecánico, pero al terminar su jornada, enfilan para la milonga.

Ivaskovic siempre estuvo expuesta al tango a través de la televisión, la radio o los espectáculos. Su primer acercamiento fue en un taller en la universidad y luego en una milonga barrial. Similar fue el inicio de Rupp, quien dio sus primeros pasos de baile en la escuela primaria y prosiguió en las clases que dictaba su hermano. Los dos destacan que cada baile y cada conexión es irrepetible.

"Hay algo dentro de mí que me empuja al tango, a bailar, y de allí a tratar de seguir aprendiendo y creciendo. Creo que son varias cuestiones… Aquello que se genera al bailar con otra persona, ese pequeño mundo que nace al interior de ese abrazo que es único y que conecta dos personas a través del movimiento y al ritmo de la música… Los estilos dentro del tango, las distintas orquestas con las que una puede encontrarse. Creo que todas generan algo diferente al momento de bailar su música, movilizando distintas emociones y energía con la pareja y al interior de la pista. La energía grupal que uno puede vivenciar al estar en una milonga, hay algo de lo colectivo que se pone en juego, un sentimiento común", opinó Ivaskovic.

Para Rupp, bailar tango salón "es un pasatiempo" que le genera "placer". "Es una sensación muy linda poder compartir con otra persona un abrazo y comunicarse desde un nivel corporal. Además, es una gran propuesta social. Se generan grupos de personas muy agradables que comparten tu mismo gusto", comentó.