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Y una noche Charly volvió


Y una noche, Charly García volvió a bajar de los cielos. En una movida sorpresiva, improvisada e inesperada, anunció ayer al mediodía que se presentaría en la sede de la calle Sarmiento de la sala Caras y Caretas. Antes que acudir al Faena o a cualquiera de los aforos en los que juega de residente, el músico eligió una de las principales vitrinas de la música popular y el under porteño. Este show no sólo significó su regreso a los escenarios, donde se lo vio por última vez como invitado del recital que Raúl Porchetto ofreció en el Teatro Coliseo, en septiembre de 2016, sino al Centro de Buenos Aires. Así que en apenas un tris, los 385 asientos con los que cuenta el teatro quedaron en manos de un séquito incondicional de fans al que no le tembló el pulso al momento de pagar los mil pesos que valía el ticket. Incluso la prensa, para poder ingresar, también debía comprar la entrada, por decisión del equipo del artista, quien corrió con la organización del evento en esta ocasión.

“Pan y vino, pan y vino. El que no grita García para qué carajo vino” o “Poropopó, poropopó, ésta es la banda de Say No More”, fueron algunos de los gritos de guerra de los seguidores de Charly, tanto afuera de Caras y Caretas, donde un grupo numeroso de público se apostó para escuchar el recital, como adentro de la sala. Una vez adentro, envuelta en un clima próximo a la celebración de una eucaristía, la audiencia no dejaba de manifestar su alegría por lo que estaba por disfrutar. Al punto de que algunos de los espectadores, entre los que se encontraban músicos locales en cuyos proyectos se percibe la huella del astro, como es el caso de Turf, Banda de turistas o Indios, no daban crédito de lo que estaban por ver. Y si. Luego de algunas recaídas y especulaciones recientes, nadie ponía sus fichas en el pronto regreso del bigote bicolor. Tampoco apostaban a que el recital comenzaría cerca de la hora esperada, a la luz del precedente de retrasos, suspensiones y caóticos conciertos que legó el cantautor en un pasado no tan remoto.

Si bien el show estaba anunciado inicialmente para las 21 hs, García desembarcó en el escenario 45 minutos más tarde. Precedido por una imagen que reproducía el choque del segundo avión en las Torres Gemelas. Una vez que su banda, conformada en esta encarnación por Fabián Von Quintiero (teclados), Rosario Ortega (coros), y sus sempiternos músicos chilenos Kiuge Hayashida (guitarra eléctrica), Toño Silva (batería) y Carlos Gonzázlez (bajo), aparecieron delante del público, el artista los secundó y se ubicó en su teclado. No sin antes recibir una gran ovación, sustanciosa y desbordada de emotividad. Luego de interpretar “La máquina de ser feliz”, primer single de su más reciente álbum, Random, publicado el 24 de febrero pasado, Charly se colgó la guitarra, sin abandonar la silla, para hacer “Ella es tan Kubrick” (acompañada por una imagen que rescató una de las escenas de 2001: Odisea del espacio). Y a éstas les siguieron “Primavera”, “Rivalidad”, “Otro”, “Lluvia”, “Believe”,  “Amigo de Dios”, “Spector” y “Mundo B”.

Hasta este momento, y amparado por una banda de lujo, el músico (quien en la tarde del miércoles había realizado el primer ensayo del show, y antes de subir al escenario reveló que se encontraba nervioso) repasó todo el repertorio de Random. Esto significaba que el de anoche era la primera presentación formal –para no decir oficial– de su nuevo disco. Y vaya que se lo vio, pese a sus 65 años y a las secuelas de sus excesos, como en sus mejores épocas. Al menos emocional y artísticamente. Aparte de recurrir a ese humor al borde siempre de la ironía, con el que aludió a una carta (ficticia) que le mandó Yoko Ono, fue fiel a los arreglos de las canciones y a sí mismo. Lo demostró una vez que terminó de tocar su décimo tercer álbum en solitario, al disparar toda una artillería pesada de clásicos. Si Caras y Caretas ya navegaba en el limbo de lo imposible, con “Yendo de la cama al living”, “Me siento mucho mejor”, “Asesíname”, “No llores por mí, Argentina”, y “Tu vicio”, se prendió fuego. Uno sagrado, y durante poco más de una hora. Así que Charly García, el más emocionante, está de vuelta.

Por Yumber Vera Rojas