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Carpentier enfoca la épica revolucionaria haitiana desde su también expresión de la revelación misma de la subjetividad mítico
ALEJO CARPENTIER: HUELLA, PRESENCIA, REVELACIÓN LÚCIDA.

El presente trabajo constituye una propuesta de acercamiento a la Obra de Alejo Carpentier, de obligada referencia para los estudios de la identidad Cultural Cubana por sus innegables aportaciones realizadas desde ese modo particular que tuvo de apropiación e interpretación de dichos asuntos en donde se subraya el valor del proceso de transculturación expresados en y desde el sincretismo religioso cubano, así como las complejidades de los procesos sociales y mentales en movimiento, que intervienen en la conformación de imágenes representativas del patrimonio espiritual, inmaterial, oral, intangible de los pueblos. En su obra los hallazgos de dicho patrimonio inmaterial e intangible de los pueblos africanos fundidos en el tiempo a otro espacio, lleva desde su estética de los ambientes a su propuesta de nuevos valores a través de la liberación del espíritu; el culto a la rebeldía y el deseo de independencia; de ahí su revalorización de la cultura popular como fuente primaria, para sus estudios en oposición al esterilizante mimetismo del arte académico. Su obra: multiabarcadora, eslabonadora y convocadora desde disímiles espacios de conectividad, nos insta, nos sigue convidando hoy a una actitud indagadora en las esencias de esa mixtura cultural cubana. Su narrativa nos confirma la certeza, de haber sido ella misma, ese método científico que nos permite captar la subjetividad de los espacios humanos, como elementos imprescindibles en la historia de la cultura de los pueblos.

No es pretensión nuestra penetrar al asunto de la narrativa Carpenteriana desde su modalidad de escritura, estructura, estilos, aciertos y desaciertos que reclaman de un oficio para el ejercicio de la crítica literaria, el trabajo se limita más bien a la intención apenas, de lograr un acercamiento al Alejo revelador de ese modo particular de apropiación e interpretación del proceso de identidad cultural de los pueblos tal y como él lo concibió, destacando significativamente ese valor de las partes para el todo, y el reconocimiento de ese todo- en tanto Identidad Cultural Cubana –en donde se mezcla – lo Caribeño-, -lo Antillano-, - lo Latinoamericano-, que se da asociado igualmente a las necesarias esencias universales de la cultura, desde donde, “ buscó las esencias de las cosas en sus constantes y diferencias, en su permanencia en el tiempo y en su trascendencia, descubriendo a su paso la ascendente trayectoria de portentoso navegante que fue”. (i)

Nos interesa particularmente ese Alejo que subraya el valor del proceso de transculturación (ii) expresado en y desde el sincretismo religioso cubano (iii) - expresión de alienación en estos hombres hacia sus contextos y a la vez, de sus capacidades para lograr la integración a los nuevos espacios socioculturales en la América, como parte de un rico proceso de construcción colectiva de espacios híbridos complejos, de subjetividades entrecruzadas, conformadoras finalmente de los más disímiles y complicados sistemas imaginarios religiosos, de profundas esencias espirituales, que lograron trascender en el tiempo y en los modos de expresarse como genuina cultura de elevado sincretismo de religiosidad popular, de símbolos y valores expresivos asociados a rituales, mitos, leyendas, tradiciones orales, musicales y danzarías, liturgias; elementos todos conformadores de una cultura de resistencia cuajada en medio de las adversidades de la historia y el tiempo, que sobrevendrían con la azarosa vida de explotación y despojos a que las culturas de los negros africanos se vieron sometida en la América.

Nos convida además, la intención de ofrecer una mirada al Carpentier que examina la historia desde su integración misma a partir de sus propios condicionamientos sociales en lo económico, político y sociocultural de los ambientes que estudia, crea o ficcionaliza, con toda la riqueza aportativa de sus fuentes documentales de amplia referencialidad al asunto en cuestión, incluído en sus obras; de donde emerge su intencionalidad creativa iluminadora de los matices y secretos de las esencias humanas, que conviven en los pueblos y que conocemos en sus obras a través de esa complicadísima manera de estructurar en textos todo el entramado del sistema reflejo de la realidad en la conciencia humana, en la conciencia social de los hombres, conformando así Carpentier, sus propias imágenes -sustratos- de la subjetividad individual y colectiva de los hombres, de sus cargas de emociones, de esencias espirituales y percepciones cosmovisivas itinerantes como registros de su génesis- pasado, presente, futuro- en ese diálogo constante que el hombre mismo ha mantenido con la realidad, la naturaleza, con otros hombres y consigo mismo.

Carpentier permite penetrar a ese original reflejo de las complejidades de los procesos sociales y mentales en movimiento y a su conformación en imágenes representativas del patrimonio espiritual, inmaterial, oral, intangible de los pueblos.

Acercarse a la obra de Alejo Carpentier de cualquier manera significa emprender junto a él y su obra un complejo proceso de aprendizaje, su quehacer literario de hecho lo fue.

El Centenario de su natalicio es un buen pretexto para que muchas miradas diferentes nos encontremos y le devolvamos del recuerdo a la permanencia del presente.

Su obra multiabarcadora, eslabonadora y convocadora desde disímiles espacios de conectividad, nos insta a una actitud indagadora de las esencias de nuestra mixtura identitaria, nos motiva junto a otros a reflexionar.

ALEJO POR LOS CAMINOS DE LA HUELLA, LA PRESENCIA Y LA REVELACIÓN LÚCIDA.

Sus incontables espacios de entrega a la creación dedicados en sus obras a la revelación y significación de los valores espirituales que conviven y subsisten en la vida cotidiana, devino en una advertencia fundamental o esencial al hombre, de sus alternativas para su conservación, desde sus propias esencias históricas, su necesidad de autoreconocerse, de respetarse y, a la vez, de integrarse al proceso de realización social humana.

Su hincapié o énfasis mayor sorprendió a todos, desde una propuesta de lectura original, excepcional de los intrincadísimos intersticios de la conformación de la identidad cultural de los pueblos, pues no sólo delineaba con ello la propia Identidad Cultural Cubana, sino revelaba los manantiales subterráneos e interoceánicos de conexión múltiple y definitivos para la Antillanidad, la Caribeñidad y de la Latinoamericanidad como parte de un todo mucho mayor.

Desentrañando y resignificando los comportamientos humanos y sus reflejos como parte de sus propias culturas, abría nuevos senderos a la expresión artístico – literaria para la llegada a la complicada corteza de lo identitario en la cultura cubana con su propuesta de vuelta a la cimiente en la historia de los pueblos que de alguna manera se hacia visible en sus presentes.

Los hallazgos de ese patrimonio inmaterial, oral, intangible de los pueblos africanos, fundidos en el tiempo a otro espacio, se revelaban en su obra como una urgencia al reconocimiento y un reto a la convivencia. Su obra nos traslada a estas complicadas realidades de la vida material y espiritual de los hombres, “ como estética de los ambientes, como poesía de los elementos que están a nuestro alrededor y descubrimiento de lo excepcional que nos acompaña en la vida cotidiana” (1), con lo que convierte su obra en “ una propuesta de nuevos valores a través de la liberación del espíritu; el culto a la rebeldía y el deseo de independencia, de ahí su revalorización de la cultura popular como fuente primaria, en oposición al esterilizante mimetismo del arte académico” (1)

Así, lo decisivo en su obra, es su apertura universal en relación directa con el sentido nacional, sus vivificantes contactos con la cultura popular y el sentido integral de lo nuevo. “Esa visión”, como él mismo reconoce “del acá y del allá”, que puebla todas sus novelas (1) es lo que le imprime a su creación “su razón de ser en la potencialización de valores espirituales y de la imaginación que hace posible la iluminación singular, la percepción de nueva escala, la reorganización de la realidad no dominada por las razones de la lógica” (1)

En la obra de Alejo Carpentier se produjo desde su proceso de creación ese impulso que nos condujo al interesante fenómeno en la literatura de desembarcar en nuestro propio espacio, es decir “nos condujo a nuestra propia casa”. “Buscando lo extraño, dimos con lo propio” (2)

La obra Carpenteriana al significar de alguna manera aportaciones al revelado de los indisolubles vínculos que el fenómeno socioreligioso tiene con el proceso de conformación de la identidad cultural de los pueblos, a partir del reconocimiento de las diferentes formas de apropiación por los pueblos de sus esencias espirituales ancestrales y sus dinámicas y particulares formas de evolucionar y adecuarse desde la permanencia de la batalladora lucha por preservarse; más que sustentarse en su caudal de conocimientos en torno a la cultura espiritual y material del negro, es reveladora de su comprensión cabal de que “ se podía vincular su indagación con la reflexión sobre el lugar del negro en la Identidad Nacional Cubana” (1). De allí sus méritos inauguradores de una especial sensibilidad que comenzaba a cristalizar artísticamente, la contribución parcial a la imagen estética de una conciencia histórica afrocaribeña.

La evaluación de estos asuntos a la luz de nuestros contextos sociales y culturales ha de hacerse pensamos, en términos de remate de autocríticas consideraciones que nos permitan apreciar todo cuanto hemos logrado y lo que aún nos falta por hacer desde nuestras narrativas en calidad de cubrir las necesarias espectativas de ser reflejos indagadores pero a la vez integradores, de génesis de las esencias conformadoras de nuestro tiempo sociocultural y ,a la vez, específicamente estético.

En ello radica la cualidad iluminadora del juicio creador Carpenteriano, que devino no sólo en “un proceso de aprendizaje autoral, sino partícipe de un vasto movimiento renovador que marcó el inicio de un nuevo giro de la novela latinoamericana, cuya aspiración dominante fue el estudio del carácter altamente complejo de la historia continental y de los destinos humanos inmersos en una lucha por la autorrealización individual, social y genérica, con lo cual se avanzó hacia la universalización de los temas americanos”. (1)

Así, Carpentier nos impulsa por una conciencia teórica, que avanza en su peculiar forma de apropiación de la naturaleza física y social americana a la que tan significativamente enriquecen sus años de investigaciones acerca de las realidades sincréticas de Cuba.

En su obra Ecue- Yamba- O Carpentier se abre a múltiples resonancias en la captación de esencias míticas, ambientes y figuras de lo real - maravilloso- que tienen su origen en la peculiar cosmovisión del negro antillano, sin dejar de ser una novela social por el fundamento histórico del abordaje.

Así, consecuentemente en nuestra cultura iba cobrando nuevo significado el negro como elemento genuinamente popular; al tiempo que se radicalizaba la revelación mundial de la fuerza creativa, material y espiritual de los diversos pueblos del Africa negra.

A esta tarea de integrar el verdadero perfil de nuestra cultura nacional, asumiendo todas sus partes constitutivas esenciales, que supone un salto de calidad en la concepción del mundo y método de trabajo de los intelectuales de esta “época critica”; tributa eficazmente el quehacer tanto periodístico, artístico y museográfico de Alejo Carpentier, quién además “se empeña en que tal valoración se realice en ambas orillas del Atlántico, allá como descubrimiento y acá como reconocimiento”. (1)

En Ecue – Yamba – O, que tematiza la naturaleza de nuestra cultura a partir del proceso de referencia a los fecundos entrecruzamientos y síntesis que tienen lugar en ello como parte del proceso de transculturación, que Fernando Ortiz conceptualizara en los años 40 de ese “abrazo de culturas” que se produce en Cuba como parte del universo americano y caribeño, se ofrece un primer testimonio artístico, centrándose la atención del novelista en las manifestaciones sincréticas de la cultura espiritual, donde despliega su naciente maestría para la recreación del mito, la liturgia, los ritos y los rítmos musicales, acriollados en virtud de las productivas y sucesivas simbiósis que múltiples ascendencias- europeas, africanas, asiáticas, autóctonas- han condicionado su desarrollo histórico. (1)

Para Carpentier lo fundamental en sus obras es desarrollar agudos procesos de interiorización de la acción, subjetivizando la fluencia objetiva, indagando en el universo espiritual incluso subconsciente, de los personajes, con lo que se logra una nueva dimensión narrativa. Interesa los procesos en proyección mas profundamente humanizados y concretizados en la trayectoria de las figuras de la ficción .

Así, su modo narrativo aporta una visión un tanto caleidoscópica, porque cada parte sugiere y tiene significación propia, con lo cual también estimula la participación del lector quien debe completar informaciones y aportar su experiencia vital e histórica.

Con Carpentier nos llega una inusual y singular capacidad para ofrecer la sensación de los objetos como visión y no como reconocimiento, liberándose del automatismo perceptivo y descubriendo las cosas como si las viera por vez primera, posibilidad que le viene dada por la lección surrealista (iv), aunque con diferente significado: “no se busca el shock perceptivo del receptor ante lo raro evidente, sino una mirada desprejuiciada y lúcida(...)"” De aquí se desprende la perdurabilidad de sus asociaciones insólitas, de sus avecinamientos antagónicos y cambios de texturas de tan fina penetración en la fabulosa realidad, simbolizando las cosas, el universo humano y su distintiva esencia transculturada". (1)

Esta visión Carpenteriana nos pone en contacto con “supervivencias de animismo, creencias, prácticas religiosas muy antiguas, a veces de un origen cultural sumamente respetable que nos ayuda a enlazar ciertas realidades presentes con esencias culturales remotas, cuya existencia nos vincula con lo universal- sin tiempo” (3); por ejemplo en su obra Ecue –Yamba- O; con el recurso de la subjetividad estetizada desde la significación de lo individual a través de sus personajes, así como desde la construcción del mensaje con honda significación colectiva, elemento válido para la captación artística por condensación y síntesis, que Carpentier desarrolla posteriormente en otras de sus obras tal es el caso de pasajes como el juramento de Bois Caiman en “El reino de este mundo”. (1)

Con “El reino de este mundo”, el animismo se convierte en sostén de la lucha, enfatizándose los componentes movilizadores y desalienantes de la cosmovisión mágica del esclavo MacKandal con sus metamorfosis, Ti Noel encarnado en el buitre que remonta vuelo hacia el Bois Caiman, es correspondencia con su extraordinaria realidad histórica en la que se fusionaba la cultura de resistencia y la de rebeldía. (1)

En su obra Ecue- Yamba – O, Carpentier se acerca a personajes de nueva representatividad social por su condición de negros explotados, puesto que en la novela la aspiración a lo popular no es marginal o secundaria y aduce: “ la cultura negra del Caribe era despreciada por todas nuestras burguesías (...) no solamente nos dimos a estudiarlas con pasión sino que al hacerlo, lanzábamos una suerte de desafio a la burguesía cubana”. (4)

Carpentier intentando documentar la vida de los personajes y sus contextos no racionaliza el cosmos mítico – mágico del negro caribeño, al que suele respetarle su misterio y su poesía, comenzando a amalgamarse lo histórico – documental y lo mitológico – fabuloso en su discurso narrativo develador de la naturaleza interna del mundo narrado. (1)

Es por eso que el elemento nodal de toda la obra Carpenteriana fluye a partir del eje de coordenadas: naturaleza- arte e historia y de tal forma se pone en su obra la sensibilidad artística, el asombro y la fascinación por la naturaleza e historia de América. El inagotable caudal de mitologías de un continente fecundado por un mestizaje único en las crónicas de la humanidad, suscita una estética harto diferente de los intentos del surrealismo europeo. (v)

El prólogo de “El reino de este mundo”, expresa un imperativo categórico artístico: la imaginación literaria puesta al servicio de la revelación de lo real – maravilloso; como esencia de la realidad americana; en el que Carpentier confesaba:

“ [...]Pero es que muchos se olvidan [...] que lo maravilloso comienza a serlo de manera inequívoca cuando surge de una inesperada alteración de la realidad(el milagro), de una revelación privilegiada de la realidad, de una iluminación inhabitual o singularmente favorecedora de las inadvertidas riquezas de la realidad[...] la sensación de lo maravilloso presupone una fe. Los que no creen en santos no pueden curarse con milagros de santos [...] Por la virginidad del pasaje, por la revelación que constituye su reciente descubrimiento, por los fecundos mestizajes que propicio, América está muy lejos de haber agotado su caudal de mitologías [...]¿ Pero qué es la historia de América toda sino una crónica de lo real maravilloso? (5)

En 1974 en su obra “El concierto barroco”, expresaba muy claramente como: “el artista en América [...] debe abrir su sensibilidad a los efluvios de la realidad misma, disponerse a ser fiel a lo insólito, presente en cada horizonte e intersticio de la exuberante naturaleza y el fabuloso devenir histórico de América”. Esa sensibilidad ante lo real – maravilloso la tilda Carpentier de “fe”. “La sensación de lo maravilloso presupone una fe. (5)

 A ser fiel a esa realidad maravillosa plena de prodigios, milagros y eventos mágicos presente en la subjetividad y conciencia de la religiosidad popular del negro africano que viene a compartir los espacios de Latinoamérica, confiere Alejo especial atención. Así, desde las licantropías del mandinga MacKandal hasta las mágicas metamorfosis de Ti Noel, un ambiente de exóticos prodigios y sortilegios se hacen visibles tales asuntos que revelan ese mundo que se enfrenta y convive con las deidades blancas “que como grilletes espirituales mutilan la libertad religiosa de los esclavos negros”.(5)

En el cuento “Los advertidos”, de Carpentier, queda claro que “donde hay tantos dioses como pueblos, no puede reinar la concordia, sino que debe vivirse en desavenencia y turbamulta”. (6)

Se trata por tanto de una épica sagrada de emancipación, donde el negro oprimido y sojuzgado pide a sus dioses fortaleza para la resistencia y para la lucha por la liberación. El “desgarrado gemir de los pueblos llevados al exilio”. (5)

Tal es el discurso de invocación épico – teológica en su obra “El reino de este mundo”, en boca del jamaiquino Bouckman quien al heredar el liderazgo emancipador de Mackandal reclama:

 “El dios de los blancos ordena el crimen. Nuestros dioses nos piden venganza. Ellos conducirán nuestros brazos y nos darán resistencia. Rompan la imagen del Dios de los blancos, que tiene sed de nuestras lágrimas; escuchemos en nosotros mismos la llamada de la libertad”. (5)

Así Carpentier enfoca la épica revolucionaria haitiana desde su también expresión de la revelación misma de la subjetividad mítico – religiosa que subyace y comparte el reclamo político – social; que se sustenta en el absoluto conocimiento del esclavo de su miseria, de que no tiene nada que perder, más que alcanzar su dignidad humana que le fuera arrebatada, lo cual se une a su “clandestina devoción religiosa”. (5)

De manera singular Carpentier a lo largo de su obra desde su primogénita “Ecue- Yamba - O”, pasando por “Concierto Barroco”, hasta “La consagración de la primavera”, insiste en la importancia crucial de la música de las comunidades negras para entender cabalmente el arte antillano y sus relaciones con la religiosidad de los pueblos.

Otro elemento significativamente grueso para análisis diverso y mucho más complejo asociado al propio proceso del sincretismo religioso cubano lo es sin duda el lenguaje, el que tiene una extraordinaria relevancia en la obra de Alejo Carpentier pero que tendrá que quedar para otra ocasión por lo voluminoso del asunto. En cambio vale precisar como: el lenguaje en tanto fenómeno social y hecho histórico en sí mismo, que responde a la formación de una comunidad etnocultural dada, toma cuerpo con sus particularidades en nuestra lengua nacional y nos identifica así, como comunidad histórico – cultural. (7)

Aunque los procesos económicos, sociales y políticos son los que definitivamente cuentan y deciden el destino de una lengua, en el caso de las religiones africanas, estas jugaron en Cuba un importante papel al poder conservar en parte, la entidad lingüística -principalmente el léxico de las lenguas africanas habladas por los esclavos-; los que durante los actos religiosos se veían precisados a mantener la lengua propia como medio de comunicación durante los ritos, dado su carácter sagrado, a veces como medio de protección, para evitar la penetración del blanco.(8)

La forma más sencilla en que influye una lengua sobre otra es mediante el préstamo de palabras. Los afrocubanismos representan este tipo de “préstamo” de las lenguas africanas que han enriquecido el léxico del español coloquial cubano. Alejo Carpentier utilizó una serie de ellos en su novela Ecue – Yamba – O, como recurso estilístico en la caracterización de los personajes negros, los que llegan a desempeñar un importante papel en los diálogos, además de las modalidades fonológicas. (8)

Sin lugar a dudas, esa religiosidad expresada a través de la música y el lenguaje no es reliquia folklórica como en “El reino de este mundo” . Carpentier recalca en “Ecue – Yamba - O”, la vigencia del mito y la magia en la cosmovisión cosmovisión espiritual de los pueblos caribeños negros.

La novela Carpenteriana construye un discurso narrativo a partir de la abundancia en observaciones etnográficas que pretenden revalorizar el mundo de creencias y ceremonias religiosas afroantillano.

Su obra se proyecta como dispositivo de apreciación de todo un sistema que funciona con una lógica distinta a la cartesiana occidental. Pleno de ensalmos, prodigios y sortilegios, el encantamiento mágico revela una energía espiritual que resulta sorprendente para la modernidad secularizada y racionalista (5) y más aún, para el complejo sistema de evaluación de los efectos derivados de las relaciones interculturales en la post modernidad hoy.

Carpentier intencionadamente nos propone un discurso que nos eleve a la valorización de esta conjunción de religiosidad, mito, magia y música como el mismo diría expresión de “altísima sabiduría” (5), en tanto permite a un pueblo sobrellevar sus sinsabores y forjar ilusiones salvíficas, advertir los lindes entre la realidad y la milagrosidad, lo ordinario cotidiano y lo extraordinario fabuloso; donde por supuesto los sucesos en el lenguaje, en el habla se entremezclan.

En su obra “Ecue – Yamba- o”, la música afrocaribeña conserva junto y desde su religiosidad sincrética el dolor del negro en “palpitante arquitectura de sonidos con lejanas tristezas de un éxodo impuesto con latigazos y cepos, música de pueblos en marcha, que sabían dar intensidad de tragedia a toscas evocaciones”. (5)

Desde la obra de Alejo podemos imaginar una pluralidad de rostros y figuras decisivas para lo construcción y comprensión de la identidad cultural de los pueblos latinoamericanos y de lo cubano, lo caribeño, lo antillano. En el caso de su obra “Ecue- Yamba – O”,se advertía el asunto de tal modo:

 “Solo los negros [...] conservaban celosamente su carácter y una tradición antillana. !El Bongó, antídoto de Wall Street!. ¡ El Espíritu Santo, venerado por los Cué, no admitía salchichas yanquis dentro de sus panecillos votivos...!. ¡ Nada de hot – dogs con los santos de Mayeya!”. (5)

Es precisamente en su obra “La consagración de la primavera” donde Alejo cristaliza esa lucha por redefinir la identidad nacional cubana y , por extensión la continental:

 "El negro, a pesar de sus muchas miserias y humillaciones, había enriquecido nuestra tradición con su creadora presencia, contribuyendo poderosamente a darnos una fisonomía propia. (5)”

No menos significativas resultan aquellas reflexiones contenidas en su cuento: ”Viaje a la semilla”(1944), catalogado por Carlos Fuentes como “una de las obras maestras del relato hispanoamericano”. Aquí Carpentier ensaya una idea que va a desarrollar a plenitud luego en “Los pasos perdidos”(1955): “los adelantos científicos y jurídicos de la modernidad, son peldaños en la progresiva enajenación humana”. (5) .

Se erige así su proyecto de retorno al origen de toda especie humana, que es también una crítica a la modernidad ilustrada con su racionalidad jurídica, igual que a la conversión de la cristiandad, en instrumento de tortura mental, de coacción ideológica; todo lo cual nos llega a este mundo de la postmodernidad como mensaje útil y contestatario a los sistemas y modos de reflexión para una modernidad instalada sobre recursos miméticos de evaluación de la presencia distorsionada de la contribución que hacen los pueblos a sus diversidades históricas, limitándose y en muchos casos excluyéndose en los análisis de aquellos discursos, de representantes de los círculos de poder del arte y la cultura globalizadora, las verdaderas esencias de los valores de los sujetos de cultura con sus arrastres fertilizadores y fecundadores de sus riquezas culturales.

En los tiempos que corren hoy y desde el propio vientre de la postmodernidad se necesita juntar voluntades, pensamientos y acciones capaces de asumir los desafíos que supone la supervivencia humana y con ello, la defensa de “todo ese patrimonio material e inmaterial”, esa es y será definitivamente la única garantía para que, “flores y poesía se expresen con toda su fuerza y libertad creadora”.(9)

Por eso hoy más que nunca debemos voltear nuestras miradas a esa visión Carpenteriana en que exhalta significativamente la tenacidad con que las tradiciones míticas, religiosas y espirituales de los pueblos africanos desterrados en América, lucharon por su supervivencia lograda desde ese sincretismo religioso devenido vehículo de autoreconocimiento y alternativa de sobrevivencia de pueblos enteros amenazados espiritualmente, escapados y finalmente salvados a la memoria histórica por ellos mismos, en sus propias imágenes de espiritualidad plural, que pugnaban por crearse espacios de intercambios mutuos de resistencia , autonomía y afirmación.

El sincretismo entendido como fenómeno revelador de la construcción de espacios plurales complejos, de concertación de las subjetividades individuales y colectivas sintetizadas y expresadas en sistemas de imágenes, de profundas esencias ideológicas y simbólicas, proveedoras de ese impulso definitivo en la creación del rostro mestizo de nuestra cultura, siendo ello lo que nos ha permitido una comprensión cabal de la evaluación Carpenteriana del concepto tradición, que para los pueblos nada tiene que ver, con aquellos que lo ven como peso muerto del pasado, sino por el contrario, como los mecanismos o espacios en movimiento,- manantiales surtidores-, que sirven de sustento espiritual a las energías creadoras y renovadoras, que como nuevas se levantan sólo, sobre los hombros hechos cimientos, hechos columnas de sus pasados sociohistórico- culturales; que cobran vida eterna únicamente, desde sus propias esencias inmanentes, a partir de la creación material e inmaterial-espiritual humana -, donde el quehacer de los pueblos deviene siempre en singular constante de : necesidad, afirmación y confirmación de existencia.

Todo lo cual por supuesto viene a confirmarnos en pleno siglo XXI en la idea de que [...] “ninguna identidad puede aceptarse si pretende imponerse sobre la de otros” y que “ [...]para el esclarecimiento de la cuestión es necesaria la cultura”, entendida como“ [...]el único espacio posible para un mundo sin exclusiones”.(9)

Así, la pertinencia de la presencia de la obra de Alejo hoy se comprende mucho más, si tenemos en cuenta los nocivos efectos que para la memoria histórica de los pueblos y su reconocimiento como entidades culturales, representan las desvalorizadoras teorías que dictadas desde los círculos y circuitos de poder de la cultura en el mundo de hoy, nos hablan del “fin de la historia”(vi) y del desdibujado de las identidades culturales de los pueblos, lo que significa no sólo, el intento de borrado de sus rostros, sino de sus conciencias sociales, de sus modos de expresión de las verdaderas esencias de sus culturas material y espiritual, con lo que queda claro, sus propósitos definitivos de marcados efectos excluyentes.

Es este comportamiento tendente a la exclusión, el acto de mayor indignidad que se comete hoy en este mundo y por supuesto contra la memoria de aquellos para quienes como Alejo; todos importamos, pues todos, nos debemos a todos y somos a la vez, parte inseparable incuestionablemente, de ese todo mayor, en la cosmovisión humana y del mundo.

  Consideraciones finales

Es la obra de Alejo Carpentier expresión sin dudas, de una importante fuente documental con referencialidad a la temática socioreligiosa cubana, caribeña y latinoamericana, al brindar importantes registros de intensidad en el abordaje de esta temática y contribuir a la realización de sondeos de hondura, en los efectos derivados de las prácticas religiosas y en la actuación de los sujetos sociales y en los complejos sistemas de imágenes de religiosidad popular que están presentes en la textura de la propia Identidad Cultural Cubana, Caribeña y Latinoamericana.

Esa creciente pluralidad religiosa de América Latina y el Caribe, pluralidad que fue sofocada por muchos años y que hoy emerge con fuerza para modificar radicalmente el perfil religioso del continente, nos recuerda nuestra propia y particular experiencia religiosa cubana, sustentada en el singular sincretismo religioso, donde las creencias religiosas de procedencia africana, aportaron su particular diálogo con la naturaleza y sus esencias sociales, a través de sus diferentes maneras encontradas para relacionarse con lo sagrado.(10)

Nadie como Alejo Carpentier supo y pudo desde su producción literaria alcanzar resonancias tales y tan significativas para el abordaje de dichos asuntos. Desde sus obras nos ofrece la mirada de un sincretismo; como vehículo de sobrevivencia de un pueblo amenazado espiritualmente, que aspira a crearse espacios de resistencia, autonomía y afirmación.

Apunta el sincretismo hacia el dominio político de imágenes, símbolos y conceptos occidentales, pero también toma el pulso a la resistencia de cosmovisiones que se rehusaron a doblegarse y desaparecer.

Por eso nos dice desde su Esteban en “ El siglo de las luces”, respecto a “las iglesias cimarronas” de Regla, en La Habana –“los negros libertos reverenciaban a sus viejos dioses del Africa, en la figura de las mismas imágenes que se erguían en los altares de los templos católicos.”(5)

En la tradición sociológica latinoamericana y caribeña este concepto de sincretismo ha sido empleado para analizar, descubrir y describir el complejo proceso, a través del cual las religiones de los esclavos africanos traídos al mundo americano y las religiones de las civilizaciones amerindias, se mezclaron e hibridaron con el catolicismo; proceso que refundió en uno sólo, rituales diferenciados e identificó en una misma entidad a santos y dioses.

En el caso particular de Cuba, el sincretismo hizo que la Virgen de la Caridad del Cobre – Epifanía local de La Virgen María, – se convirtiera en Ochún(diosa africana del amor y la coquetería). Santa Bárbara en Changó (divinidad de la guerra y el jolgorio). El niño Jesús en Elegguá( divinidad de los caminos ), San Francisco de Asís en Orula (divinidad de la adivinación )y el mismísimo Yahvé en Olofin (deidad suprema, creador omnipotente).

Ese sincretismo garantizó la supervivencia de importantes rasgos de la identidad cultural de los africanos y posibilitó su vida espiritual en las oprobiosas condiciones de la esclavitud colonial y de la marginación neocolonial. .

Aún y pese aquellos que se resisten a tales razonamientos y plantean su rechazo desde el cristianismo, a toda religión que se aparte de él y por tanto, son ubicadas dichas creencias en el plano de superchería, idolatría, fetichismo y politeísmo en tanto religiones paganas. Otros teólogos como Leonardo Boff, en su obra: “Iglesia. Carisma y poder”, se expresan diferentemente y consideran que:

“La catolicidad como sinónimo de universalidad, sólo es posible y realizable a condición de no huir del sincretismo, sino por el contrario, hacer de él, el proceso de elaboración de la misma catolicidad” . (10)

Por su parte el teólogo cubano Carlos Camps considera: “Una religión como la cristiana conserva y enriquece su universalidad en la medida en que es capaz de hablar todas las lenguas y de encarnarse, refundiéndose en todas las culturas humanas”. (10)

Así el asunto, quizás uno de los retos mayores de quienes vivimos en esta parte del mundo, sea el del conocimiento mutuo. “Hermanos que no se conocen” dijo alguna vez José Martí, refiriéndose a nuestros pueblos. Pueblos que denominó “mestizos” y a los que llamó a asumir un largo y doloroso proceso de integración.

Tal ha de ser el sentido de aplicarnos al estudio y a la lucha por el conocimiento de nosotros mismos, como sujetos históricos y de cultura, como seres sociales, hacedores, transformadores. De allí la alternativa martiana que nos recuerda que “hacer es la palabra de pase” y su sabio llamado a comprender que “el primer trabajo del hombre es reconquistarse”.(11)

En tal sentido, el acercamiento y el debate indagador en torno a la presencia del fenómeno socioreligioso en la identidad cultural de los pueblos, a partir del reconocimiento de la necesidad misma de profundizar en el conocimiento del reflejo de la conciencia religiosa y su presencia en la conciencia social de la nación cubana, es el móvil orientador hacia la observación de dicho proceso desde su propia singularidad inmanente del sincretismo socioreligioso, resultado del propio proceso, de transculturación, desde donde Cuba ha aportado significativamente al proceso de conformación y desarrollo de la caribeñidad y nuestra propia identidad cultural; resultado de ese complejo proceso de relaciones interculturales que se objetivazan y concretizan en nuestro contexto multicultural y multietnoracial.

Siendo cada vez más urgentes la realización de acercamientos objetivos a los condicionamientos sociales, facilitadores de las múltiples y variadas expresiones de las prácticas de la religiosidad popular evaluándolas dentro de ese amplio espectro de impactos significativos en la identidad de los sujetos de cultural y como particularidad incluida en calidad de componente constitutivo en la Identidad Cultural de los pueblos y naciones.

Es admirable como la presencia de los africanos y sus ascendientes en la multifacética realidad del Caribe, representa uno de los ejes temáticos fundamentales en la narrativa de Alejo Carpentier. Desde su primera novela “Ecue – Yamba –O” (1933), hasta sus relatos breves y sus obras postreras captó la contribución de las culturas africanas trasplantadas a estas tierras y revelada por Carpentier a través de su concepción de lo real – maravilloso y de los contextos. El tratamiento de este tema evolucionó a lo largo de su trayectoria. En su obra inicial observaba exclusivamente la vida de negros y mulatos en la Cuba de los años veinte, muy próximo al modelo negrista. En “La consagración de la primavera” (1978), dicho mundo no queda escindido, sino inserto en la compleja colectividad cubana, y el tema adquiere dimensión planetaria, ya que la historia multicéntrica de la humanidad verifica que cada cultura aporta fragmentos de la realidad combinándolos, fundiéndolos, para realizar la unidad del hombre en su conjunto, para devolverlo en su totalidad. (12)

Es destacable como Carpentier en Ecue – Yamba – O, nos pone en contacto con su concepción del mundo en franco proceso de concientización socio-política desde una perspectiva democrática, popular y tendente al socialismo, inmerso en el contexto de una situación revolucionaria, se pone de manifiesto en su método artístico de esencia realista, capaz de integrar con acierto creciente los aportes de la vanguardia particularmente del surrealismo, dado el carácter de la novela que penetra en el universo mágico y mítico del negro antillano, en su cultura de resistencia al poder alienador. (1) de la sociedad clasista explotadora y de la injerencia neocolonial.

En tanto, a la par del análisis social se produce un acusado proceso de estetización de las fuentes documentales y autobiográficas, de forma que Ecue – Yamba – O, resulta una novela de realización artística compleja, capaz de trascender la metafísica criollista y los extremismos iconoclastas de los ismos europeos, asimilados como recurso para el proceso de descubrimiento artístico de los grandes temas americanos y la liberación del potencial de la subjetividad creadora. (1)

Carpentier en su narrativa comienza a integrarse a un método artístico antimimético y antipositivista que aborda procesos en su contradictoriedad y movimiento, dotado de significativas motivaciones humanizadoras y desalienantes con la intención no simplemente de reflejar, sino de apropiarse de los problemas para la acción.

Acierta Carpentier en su tematización de un proceso de la mayor importancia al dilucidar aspectos esenciales de la integración histórica de la cultura cubana, inaugurándo así una nueva perspectiva ideoestética con su apropiación de la naturaleza transculturada, sincrética y mestiza de nuestra cultura; reveladora del “abrazo de cultura” que se expresa en término de lo real – maravilloso americano, por su diversidad de registros y contextos, por sus hallazgos artístico superadores del peso muerto de la tradición y de las fórmulas vanguardistas, ostensibles en las innovaciones de su discurso narrativo que apunta hacia una original integración de las voces de la novela, por su riqueza descriptiva humanizadora y sobre todo, por sus constantes alegorías que nos convidan al augurio del triunfo en la vida. (1)

No cabe dudas, de lo imprescindible que resulta hoy, integrarle a todo ese caudal de nuevas venas reflexivas del conocimiento humano en torno a las identidades culturales y sus soportes y esencias espirituales, evocadoras de sus contextos pasados, desde el presente. Alejo ha de ser por tanto, asumido como parte de esa piedra angular que cimentó sólidos aportes en materia de identidad, pero a la vez, como axila necesaria que conecte y tribute al; dialogo urgente desde nuevos contextos y realidades diferentes.

Su consagración y entrega de servicio al oficio de la complejidad del conocimiento en tanto reflejo de los realidades del mundo interior y exterior de los hombres, no nos deja otra alternativa que la de declararnos discípulos plenos de su magisterio creador y asumirle desde una comprensión cabal de su especial percepción del mundo, su lugar en él, su sentido de la vida, el valor de los deberes para ese esfuerzo en la obra que legó.

A nuestra generación le corresponde hoy [...] “estimular “[...] “la circulación del conocimiento, dentro de la sociedad y la recombinación entre diferentes campos de la creación científica y cultural” (13) conscientes de que en ello está la base del desarrollo de nuestras propias esencias culturales.

En la obra de Alejo está presente el valor del conocimiento que [...]”radica tanto en su volumen, como en la intensidad de su circulación” que definitivamente seamos capaces de lograr como buenos receptores de su arte; convencidos como lo estamos, de que iluminó nuestro camino hacia el conocimiento y reconocimiento de todo y del todo de todos. Con tan noble quehacer demostró que “ [...]la cultura es conocimiento socialmente adquirido y socialmente compartido y transmitido” (13). Los recursos de su narrativa devinieron en el método científico que le permitió captar la subjetividad de los espacios humanos como elementos imprescindibles en la historia de la cultura de los pueblos. Tales presupuestos en su obra creadora, le acercan increíblemente a los postulados martianos de que “ [...] lo que hace crecer el mundo no es el descubrir cómo está echo, sino el esfuerzo de cada uno para descubrirlo” (11); así como aquel en el que enfatiza que “ [...] ha de tenderse a desenvolver todo el hombre y no un lado de él” (11); fin al que se consagró Alejo definitivamente, durante y desde toda su obra creadora.

No en balde y con toda justeza, hoy más que nunca, la obra de Alejo Carpentier se levanta como patrimonio excepcional de Cuba y el mundo.

Referencias Bibliográficas

1. González Bolaños A. El arte narrativo de Alejo Carpentier en Ecue –Yamba – O. Revista Islas1988; (89) enero – abril: 163-164, 159, 168,172, 179,

2. Marinello J. Hazaña y triunfo americano de Nicolás Guillén. Orbita de Juan Marinello. La Habana;1968. p.17.

3. Carpentier A. Problemática actual de la novela latinoamericana ”Tientos y diferencias. La Habana, 1974, p. 20.

4. Alejo Carpentier. Entrevistas. La Habana;1985. p. 282

5. Rivera Pagán LN. Ritmos sagrados de los pueblos afroantillanos en Alejo Carpentier. En: Los rostros de Dios”. – Ensayos sobre cultura y religión afrocaribeña. – Ediciones, CLAI. Pastoral Aborigen, Negra y Contra Toda Discriminación. Consejo Latinoamericano de Iglesias – CLAI. Quito, Ecuador; 1998. p. 12-13, 14, 15-17.

6. Carpentier A. Los advertidos. En: Guerra de tiempo y otros relatos, , La Habana, Cuba: Editorial Letras Cubanas; 1987. p. 135.

7. Valdés Bernal S. Lengua nacional e identidad cultural del cubano. , La Habana, Editorial de Ciencias Sociales; 1998. p.25.

8. Alonso G, Fernández AL. Antología de lingüistica.- Citado de : Caracterización Lingüística del negro en la Novela ¡Ecue – Yamba – O ! de Alejo Carpentier.-

9. Hart Dávalos A. Cultura para el desarrollo.- El desafío del siglo XXI – La Habana, Editorial de Ciencias Sociales; 2001. p. 106.

10. Los rostros de Dios. Ensayos sobre Cultura y religión afrocaribeña- Ediciones CLAI. Pastoral Aborigen, Negra y Contra Toda Discriminación. Consejo Latinoamericano de Iglesias- CLAI. Quito, Ecuador; 1998. p.vi-

11.Martí Pérez J. Obras completas. La Habana, Cuba; Editorial de Ciencias Sociales; 1991.

12. Bueno S. La cuentística Negrista Hispanoamericana. Revista Bimestre Cubana. De la Sociedad Económica de Amigos del País 1996; LXXIX 4; Enero- Junio. Época III: 40-41.

13. Lage Dávila A. La ciencia, la cultura: las raíces culturales de la productividad. Revista Temas 2001; 24/25, enero- junio:194-203.

Notas

(i)  Respal Fina Raimundo, en introducción al libro Letra y Solfa. Mito e historia de la Editorial Letras Cubanas citado por el periodista Leyva Leyva en su Articulo Carpentier, literatura, mito e historia publicado en Periódico Granma del sábado, 28 de Marzo de 1998, p.6.

(ii) El vocablo transculturación permite expresar los variadísimos fenómenos que se originan en Cuba por las complejísimas transmutaciones de culturas, que se verifican, sin lo cual es imposible entender la evolución del pueblo cubano. Según su creador Fernándo Ortíz, este término constituye la clave para la comprensión de los fenómenos histórico – sociales. Significa interacción constante, transmutación entre dos o más componentes culturales, cuya finalidad inconsciente crea un tercer conjunto cultural es decir, - cultura nueva e independiente – aunque sus bases, sus raíces, descansen sobre los elementos precedentes. Incluso precisa que toda cultura es esencialmente un hecho social, es dinámica, y creadora. Es muy conocido su símil “ Cuba es un ajíaco”. Elementos en Cuba mixturados, en un proceso de formación que califica de “desintegrativo e integrativo”. Entendiendo por Cubanidad, ese proceso dinámico abierto, siempre en formación, en evolución perenne, necesariamente desintegrativo e integrativo, de elementos – de variados orígenes y caracteres. Añadía que esa cubanía, esa nacionalidad – debe haber sido sentida primero por los negros, para quienes nunca hubo regreso a la patria ancestral y por los blancos pobres, desheredados y sin privilegios, sin posible retorno, enriquecidos, a la madre patria. Sentencia además, que la cubanía fue brotada desde abajo y no llovido desde arriba. Citado por Iznaga Diana, en su libro “Transculturación en Fernándo Ortiz”. Editorial de Ciencias Sociales, Ciudad de La Habana, Cuba, 1989,pp: 50-53.

(iii) Entendido como perduración y realización – en una cuidadosa estrategia durante complejos procesos de transculturación – de una sensibilidad peculiar de lo sagrado; expresión de las subjetividades individuales y colectivas, devenidas del amplio espectro de impactos significativos, que tuvieren lugar en la identidad de los sujetos de cultura, los fenómenos socioreligiosos transculturados y como particularidad incluida, en calidad de componente constitutivo innegable, en la identidad cultural de los pueblos y naciones de Cuba, el Caribe y Latinoamérica.

(iv) Incluso el surrealismo asumido en Carpentier para el abordaje de la subjetivización de una temática sociocultural desde los planos reflexivos en torno a la conciencia mitológica americana; logra una repercusión significativa en su formación ideostética. Carpentier percibe nítidamente la estética del surrealismo y toma conciencia teórica de sus fundamentos, que encuentran una receptividad en el propio ámbito de su investigación artística. Positivamente el surrelismo lo dota de fe en realidades superiores. No obstante, el surrealismo no estaba libre de superficialidades. Su propuesta estética y social no se integraba plenamente a la actitud revolucionaria, y el afán renovador, tuvo su limitación formalista. Carpentier en cambio está a la búsqueda de un arte nuevo en profundidad, más que en superficie, sin exotismo. Al decir de Héctor P. Agoste en: “Defensa del realismo”, Editorial Lautaro, Buenos Aires, Argentina, 1963; p.44. “Los surrealistas descubrieron y sistematizaron una porción considerable de la realidad psicológica del hombre, y en esa dirección devolvieron a la poesía cierta parte de una fertilidad estropeada por tanto rimador de tarjeta postal” y añadía que “ el nuevo realismo admite [...] la búsqueda incesante de las formas y la reivindicación constante de la herencia cultural”. Revista Islas No. 113 enero – diciembre, Las Villas, 1996, p.202. La visión desengañada de los valores de Occidente – proveniente de Dada y del Surrealismo- empieza en Carpentier en los años de la Vanguardia en París y más tarde se plasma en obras suyas como: “ Camino de Santiago”, “El siglo de las luces”, etc, es la suma de su afirmación nacionalista, influida, en parte, por la hostilidad surrealista hacia la propia cultura europea. El surrealismo estimula a Carpentier a ver América como una alternativa al continente vencido y a la vez le enseña los medios expresivos para romper la estrecha concepción nativista, tal es la visión del asunto en Müller Bergh, Klaus en: “Alejo Carpentier”. Estudio biográfico – crítico. Long Island, N. Y. Las Américas Publ, 1972, citado por Teja Ada en “La crónica y el viaje de Prometeo a Ulises en los pasos perdidos”. Revista de Literatura Cubana. Critica, historia, bibliográfica. Año VIII. Julio – Diciembre,1990 – Enero – Junio, 1991,Nas. 15 –16. Ediciones Unión, de la Unión de Escritores y Artistas de Cuba, C de La Habana, Cuba, p.7 Incluso a la crítica surrealista de un Occidente en decadencia, Carpentier responde elaborando la teoría literaria de “lo real - maravilloso”, que es un modo americano de plasmar el mundo con una visión interior, que lo establece como una red de relaciones íntimas y con abertura hacia el futuro. Así critica también drásticamente la dependencia cultural de un surrealismo artificioso, de postura y ya superado, tal es la visión del asunto sobre Carpentier y el surrealismo, en Rincón, Carlos, “Sobre Alejo Carpentier y la política de lo real maravilloso americano”, en Casa de las Américas, La Habana, 15 (89): 40 –65 marzo – abril, 1975, citado por Teja Ada en: ob. cit, p. 7.

(v) ¿Qué es el llamado “Fin de la Historia?”. Según Francis Fukuyama, la democracia liberal puede constituir”el punto final de la evolución ideológica de la humanidad”, la “forma final de gobierno” y como tal marcaría el “fin de la historia” Se basa en que las anteriores formas de gobierno colapsaron por sus contradicciones y la democracia liberal se ha sostenido libre de contradicciones internas fundamentales. ¿Qué ha ganado el mundo hasta ahora con la “democracia neoliberal” con el modelo norteamericano y europeo?.Podemos concluir con el análisis del concepto”fin de la historia”, señalando que es la expresión desesperada de un sistema que lucha por mantener la cohesión social frente a las tendencias desintegradoras, derivado de guerras económicas, proteccionismo, contradicciones entre países ricos y pobres, deudas, polución ambiental y corrupciones de todo tipo.