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Yo escribí mis libros con el oído puesto sobre las palpitaciones de la angustia venezolana.
DOÑA BÁRBARA: UNA NUEVA DIMENSIÓN DE LO REGIONAL

Yo escribí mis libros con el oído puesto sobre las palpitaciones de la angustia venezolana.   Rómulo Gallegos                

El significado y la función de la Literatura están centralmente presentes en la metáfora y en el mito.  Wellek y Warren                

Lo que se debe exigir del escritor ante todo, es cierto sentimiento íntimo, que lo vuelva hombre de su tiempo y de su país, aunque trate de asuntos remotos en el tiempo y en el espacio. Machado de Asís                

I. Introducción:  Con Rómulo Gallegos se inicia el siglo XX en la literatura venezolana. Y se termina el XIX. Es habitual mostrar los elementos tradicionales y su visión «pasadista» en relación a su novela Doña Bárbara. No la consideramos su obra maestra, pero la lectura que vamos a hacer de ella tiene el intento de aclarar algunos aspectos no tocados aún por la crítica. Queremos demostrar cómo la ideología progresista del autor-narrador lleva a la plenitud el código lineal de la novela criollista. Se salva del localismo, incorporando los contextos sociales y políticos, al mismo tiempo que busca la perfección esteticista en sus rasgos de renovación modernista. Con esto, Rómulo Gallegos universaliza el modelo y lo trasciende, dándonos el sentido de continuidad de una literatura.

2. Regionalismo e identidad: En su diversidad estructural, América Latina busca la identidad cultural. La literatura muestra esa búsqueda, que intenta encontrar en la misma tierra, escenario de la tensión entre la influencia europea y las culturas locales, las raíces primordiales. Según Octavio Paz, estamos condenados a la busca del origen, o lo que es también igual, a «imaginarla»62. La soberanía de la naturaleza, el mestizaje -resultante de una sociedad híbrida, el primitivismo que se complace en la exaltación de las formas elementales, la interpretación frecuente de la realidad a través de símbolos y mitos son características de la literatura hispanoamericana.

En el Romanticismo, la descripción del paisaje forma parte de un proceso de reconocimiento en que el artista busca volverse conciente de los límites patrios de la naturaleza que lo rodea. Lo que es devaneo para los europeos, es para los hispanoamericanos un acercamiento mayor del suelo patrio, un deseo de ver objetivamente. Buena parte de las obras de ese período enfoca el problema de la naturaleza a través de la lucha entre civilización y barbarie. En el polo de la civilización estaría el orden, el liberalismo (según modelos europeos y norteamericanos); del lado de la barbarie, el caciquismo del señor rural o el estrangulamiento de la libertad63.

Desde la literatura del siglo XIX y con la «novela de la tierra», el hombre se admira ante la naturaleza bravía y busca introducir la civilización en ese medio físico. La naturaleza y su transformación actúan como medio de identificación latinoamericana, denunciando los males sociales e intentando remediarlos. Generalmente esos autores tienen una visión romántica, aún, del choque entre esos elementos, lo que los lleva a poetizar la realidad y no sólo a reproducirla.

El regionalismo, en los países desarrollados y en vías de desarrollo ha sido y sigue siendo una fuerza literaria estimulante, funcionando como descubrimiento, reconocimiento de la realidad e incorporación   —107→   a la literatura. Indigenismo, criollismo, regionalismo, naturalismo urbano concurren a una tendencia común -la documental- que trata de ofrecer un inventario de la realidad-raíz-americana.

El regionalismo acentuó particularidades culturales que se habían forjado en áreas o sociedades internas contribuyendo para definir su perfil diferencial. Mostraba inclinación por la conservación de los elementos del pasado que habían contribuido al proceso de singularización cultural y buscaba transmitirlos al futuro, como una forma de preservar la conformación adquirida. El elemento tradición acaba siendo realzado por el regionalismo (con evidente olvido de las modificaciones que en su época había introducido en la herencia recibida), tanto en el campo de los valores como en el de las expresiones literarias. Buscando resguardar los mismos valores, en verdad los sitúa en otra perspectiva del conocimiento. El regionalismo incorpora nuevas articulaciones literarias que, a veces, va a buscar en el panorama universal, aunque frecuentemente en el urbano latinoamericano más cercano. Posibilitó y condicionó la literatura actual.

La crisis del realismo, a fines del siglo XIX, despierta en los escritores el deseo de superar un «regionalismo» inmediatista, a través de la organización de sistemas de símbolos sociales de contenido universal. Doña Bárbara (al lado de La vorágine y Don Segundo Sombra) es un marco en esta superación, añadiendo a la tradición realista una alta tensión política. La realidad tiende a convertirse en símbolo, uniendo el realismo descriptivo al impresionismo artístico. La estructuración de lo telúrico en Doña Bárbara se procesa por la interpenetración de planos impresionistas y expresionistas, a través de lo metafórico y de lo mítico-alegórico. El tiempo mítico y el de la narración se interpenetran y el mensaje crea su propia realidad, transformando los referentes reales al recrearlos en el texto. Los referentes externos a la obra son vaciados de su significado. En este sentido, no denotan lo real sino lo significan. Hay, así, un «efecto de real», una ilusión referencial.

A partir de Gallegos, la narración se transforma en narrativa y el signo mimético es desrealizado en el interior de la obra.


3. Del mito y de la alegoría:  La literatura es modo específico de nucleación de la realidad. En la novela ligada al realismo reflexológico del siglo XIX lo estético se confunde con la materia prima pues el autor se distancia de lo real.

Hasta 1940 las novelas americanas documentaban los padecimientos del hombre sometido a las fuerzas sociales y naturales que se desencadenaban sobre él. Documentado el contorno en que el personaje se mueve, importa dibujar el personaje.

Sin olvidar la incorporación de nuevos espacios humanos, no interesa repetir lo que la novela anterior exploró. Se inicia el diálogo de esa realidad americana con la conciencia que la establece. El llamado realismo fantástico surgió como forma de reacción a la condición alienante en la situación del hombre ante el espacio exterior. Esa alienación es determinada por las instituciones culturales. Entre ellas está el lenguaje. De ahí que se hable de la cultura en la percepción y en la determinación de lo que es aceptable como real. Dentro de esa problemática, la literatura se propone recusar el lenguaje como forma de sostener y reforzar una cierta realidad. Al hacerlo, pone en cuestión el propio concepto de lo real, enfocado como una aprehensión unilateral de las cosas, limitadora del conocimiento. Se propone «educar la imaginación para nuevos reflejos» a través de la búsqueda de nuevas imágenes poéticas, negando las formas codificadas por el lenguaje.

Esa tendencia se realiza, en términos literarios, a través de la construcción/desconstrucción de lo real, negando dicotomías como real/irreal, verdad/ficción.

Existe la necesidad de un lenguaje que represente lo que el hombre tiene de esencial y que la cultura recalcó. Pero sólo la transgresión del código lingüístico puede desmontar lo que el lenguaje común llama de realidad denotativa para mostrar lo real verdadero, oculto y mutilado por la lógica convencional. De ahí la necesidad de instituir un nuevo mundo a partir de una nueva disposición de los elementos de la narrativa.

La novela actual realiza el reflejo imaginario de la realidad, instituyéndola como discurso. La obra de arte deja de ser enfocada como   —109→   realidad de segundo grado. De ahí, en última instancia, su doble carácter: es la expresión de la realidad, mas al mismo tiempo la crea, una realidad tal que no existe fuera de la obra más incluso apenas en ella. El escritor no crea lo que no existe sino crea lo que antes de él no existía. El realismo pasa a ser textual. El texto, al destituir la realidad como comportamiento, la instituye como discurso.

Hay dos realidades interpenetradas -el texto y el contexto- y su única posibilidad de existencia estética es el hecho de que se valen de los elementos de la lengua. El texto presentifica algo que lo depasa, el contexto lo preserva como ficción y el espacio donde él se realiza. Entre los dos, una aventura para decir lo indecible.

El signo es la posibilidad de actualización del texto y la capacidad de concretización del contexto; el texto es la virtualización del signo y la connotación del contexto. No se puede concebir un enfoque aislado de cada uno de los estatutos que, en su posibilidad polisémica, adquieren dimensiones inmensurables.

Para el reconocimiento consciente de la potencialidad artística de un escritor el texto no puede ser considerado apenas un substituto de lo real, como espacio del contexto.

La característica real del texto es ser un sentido en busca de significación ya que «la función de la escritura es colocar la máscara y, al mismo tiempo, apuntarla»

4. Análisis de la obra:  Según Northrop Frye, la historia romanesca tiene como característica un ideal proyectado por la clase social dominante (o clase intelectual) donde un héroe representa este idealismo. En el caso de la novela Doña Bárbara, el personaje título es la heroína de la clase oponente, que amenazaría el predominio de la otra, representada por Santos Luzardo, «el salvador, el buen patrón». La aventura para Frye significa una sucesión y progresión de aventuras menores en la historia romanesca, siendo esta aventura-mayor el elemento principal de la trama. La aventura-mayor es enunciada comúnmente desde el   —110→   inicio y se completa al final de la obra, dando forma de búsqueda al conjunto de pequeñas aventuras en una totalidad novelesca.

Para que la forma de historia romanesca sea perfecta es necesario que el final sea favorable al héroe. En el caso, la victoria de la civilización sobre la barbarie. También es necesario una estructura cuaternaria:

1) Conflicto (agon-cap. 1 al XII)-se configura cuando Santos Luzardo resuelve permanecer en el llano y administrar sus tierras:

dispón de lo necesario para que mañana se proceda a la reparación de la casa. Ya no venderé Altamira.
 

Doña Bárbara, la opositora, «cacica de cuatreros y brujeadores», crea sus propias leyes e instaura un régimen de barbarie, violencia y crímenes:

¿La Ley del Llano? -replicó Antonio, socarronamente. ¿Sabe usted cómo se la mienta por aquí? Ley de doña Bárbara. Porque dicen que ella pagó para que se la hicieran a la medida.

2) Lucha (pathos, tema arquetípico de la tragedia) - Va a haber una oposición de valores, un enfrentamiento, que se extiende por una serie de conflictos hasta que en el capítulo 3 de la tercera parte Santos Luzardo opta por una reacción de acuerdo con los hábitos de la tierra, reacción que llega al clímax con la muerte de Melquíades (8º capítulo de la tercera parte).

Santos Luzardo Doña Bárbara
/civilización, cultura/ley (orden, buena voluntad de los peones al servicio de la paz y del trabajo) /barbarie, retraso/(bandidismo, soborno, crímenes, amenazas, traiciones mutuas, violencias)
elemento racional supersticiones
demarcación de tierras cambio de los marcos, no-límites
amistad interés comercial

3) Desaparecimiento del héroe (apanagmos) -El héroe adopta una posición igual a aquéllos contra quienes luchaba.

4) Exaltación del héroe (anagnorisis) -Santos Luzardo implanta sus valores traídos de la civilización, probando ser un bienintencionado héroe romanesco, o sea, el que pretende y consigue alcanzar sus objetivos. Todo se esclarece (cap. XII, XIII, XIV) y se anula el conflicto.

La forma básica de la historia romanesca de búsqueda (o deseo, intención, necesidad...) es el tema de la muerte del adversario, generalmente bajo un aspecto ritual. Doña Bárbara es un personaje demasiado fuerte para un final vulgar. Su «muerte» o desaparecimiento será simbólico, envuelto en misterio. Extendiéndose más, sería no apenas la muerte de la «devoradora de hombres», sino el exterminio de toda la barbarie. Se observa, al nivel del enunciado que ella se deja envolver por el aspecto inmaculado del carácter del héroe en el recuerdo de su amor sereno y virginal por Asdrúbal:

...se había visto, de pronto, a sí misma, bañada en el resplandor de una hoguera que ardía en una playa desierta y salvaje, pendiente de las palabras de Asdrúbal, y el doloroso recuerdo le amansó la fiereza
 

Los personajes principales -héroe/enemigo- son necesarios a la historia romanesca de la búsqueda, que envuelve el conflicto. Esa estructura dialéctica va a llevar a la tensión:

Protagonista Santos Luzardo/Antagonista doña Bárbara.

Ambos deben poseer calidades míticas:

SL = civilización (bien) doña Bárbara = barbarie (mal)

En la medida en que la obra se acerca al mito, podemos dar a Santos Luzardo características divinas mesiánicas -el héroe es un libertador que viene de un mundo superior-. En el mito solar, el héroe viaja peligrosamente a través de un laberinto o mundo inferior, en que un monstruo intenta derribarlo o impedir la realización de sus ideas positivas. Santos Luzardo llega por el río con sol viajando en un barco:

Un sol cegante, de mediodía llanero, centellea en las aguas amarillas y sobre los árboles que pueblan sus márgenes... Se acentúa el bochorno del mediodía...

 

El héroe deja su tierra y su herencia (salida de Altamira después de la muerte del padre), recorre el laberinto o espacio de tiempo (época de su educación en Caracas), se perfecciona y después llega a la Tierra Prometida o Paraíso Reconquistado, en una vuelta a su estado original:

Santos (Luzardo) continuó saboreando, sorbo a sorbo, el café tinto y oloroso, placer predilecto del llanero, y, mientras tanto, saboreó también una olvidada emoción

 

El antagonista posee siempre calidades demoníacas. Doña Bárbara representa el mundo inferior, la esterilidad social. Su conducta contra-ideológica (en relación a la norma social vigente) no puede ser aceptada por las leyes de la civilización, ya que no corresponde a los preceptos de determinado sistema. Apenas engendró una hija, renegada, siendo que el padre era Lorenzo, nieto de un Luzardo, su oponente.

Cabe observar que lo mítico en Bárbara es falseado. Frecuentemente el narrador nos recuerda que todo se pasa en el plan de la mentira, lo que lleva a un distanciamiento entre lector y personaje:

Acababa de servirse un vaso de agua y se lo llevaba a los labios, cuando, haciendo un gesto de sorpresa, echó atrás la cara y se quedó mirando fijamente el contenido del envase suspendido a la altura de sus ojos. Enseguida, la expresión de extrañeza fue reemplazada por otra, de asombro.

-¿Qué pasa? -interrogó Balbino.

-Nada. El doctor Luzardo que ha querido dejarse ver -respondió. El Brujeador se retiró de la mesa con estas frases mentales:

-Perro no come perro. Que te lo crea Balbino. Todo eso te lo dijo el peón.

Era, en efecto, una de las innumerables trácalas de que solía valerse doña Bárbara para administrar su fama de bruja y el temor que con ello inspiraba a los demás

 

Hay varias otras negaciones de las brujerías de doña Bárbara.

En términos de «hechura literaria», se podría ver un trazo de la modernización del autor, cuestionando la mistificación, en la misma obra.

Los personajes son alegóricos en la medida que personifican dos fuerzas opuestas.

 

En Santos Luzardo hay el predominio de la civilización, pero también fuertes trazos de su barbarie de origen. Poco a poco surgen modificaciones en su carácter, y el comportamiento, a partir de ahí será justificado por el medio ambiente y la necesidad de lucha con las fuerzas contrarias. En este sentido se procesan dos niveles en el conflicto: cosmológico y noológico. Santos Luzardo lucha con doña Bárbara para que la civilización se implante en el ambiente primitivo y lucha consigo mismo para que su parte «salvaje» no se pierda en el hábitat natural.

En Marisela (la novia del héroe romanesco) vemos la ambigüedad, pues es hija de la Bruja y de Lorenzo Barquero, nieto de José de los Santos Luzardo. Lorenzo, primo de Santos, era el modelo en la infancia de éste. También abogado, también estudiante en la capital. El origen de Lorenzo estaba en la tierra y la barbarie lo devoró: «Es necesario matar al centauro que todos los llaneros llevamos por dentro» (p. 85).

Marisela es encontrada por Santos Luzardo en su estado primitivo, como la tierra no violada, «era la naturaleza misma, sin bien ni mal» (p. 196). «¡Marisela, canto del arpa llanera, la del alma ingenua y traviesa, silvestre como la flor del paraguatán, que embalsama el aire de la mata y perfuma la miel de las aricas!» 

En la historia romanesca la novia es encontrada siempre en sitio legendario, semi-oculto. Vemos el primitivismo de la barbarie mezclado al mito de la cenicienta, según el capítulo titulado «La bella durmiente» (p. 90-91):«...la miseria que reinaba en el rancho de Lorenzo Barquero... su hija, aquella criatura montaraz, greñuda, mugrienta, descalza y mal cubierta por un traje vuelto jirones». Pero, por contraste, «la curva de la espalda y las líneas de las caderas y de los muslos eran de una belleza estatuaria»

Marisela vive en un territorio mediador -ni Altamira ni El Miedo-, cercana al pantano donde nacen puros lirios. «Trataba de ocultarse detrás de una palmera» (p. 81). El palmar apunta hacia arriba en un gesto de esperanza. Para salvación de la heroína, es necesario quitarle un estigma. En Marisela, la barbarie. Ella empieza a civilizarse en la purificación simbólica de lavarse el rostro y las manos. El agua es elemento apocalíptico purificador. Después el baño de purificación impuesto por Santos (p. 94), simbólico en que «Marisela   —114→   abandonaba el rostro al frescor del agua» y «advierte que las cosas han cambiado de repente. Que ella misma es otra persona» 

Al final, el héroe mata el dragón y se casa con la princesa, pues en lo romanesco siempre vence la pureza. Doña Bárbara y su imagen tan fuerte sólo admite huida mítica o desaparición. Santos Luzardo había llegado en un bongo, remontando el Arauca (p. 9). La cacica del Arauca ha desaparecido. «Se supone que se haya arrojado al tremedal, porque hacia allá la vieron dirigirse... (...); pero también se habla de un bongo que bajaba por el Arauca...» (p. 291).

Como actitud típica de la novela regionalista, el hombre es considerado producto de su medio. Santos Luzardo, nacido en Altamira, luego de su llegada se reconoce un nativo:

Y con esta emoción, que lo reconciliaba con su tierra abandonó la casa de Melesio, cuando ya el sol empezaba a ponerse... (p. 45);...afuera, los rumores de la llanura arrullándole el sueño, como en los claros días de la infancia (p. 53); Mas al oír sus propias palabras le parecieron ajenas. Así se habría expresado Antonio o cualquier otro ¡lanero genuino; así no hablaba el hombre de la ciudad (p. 177);...las intensas emociones lo hicieron olvidarse otra vez de los proyectos civilizadores. Bien estaba la llanura, así ruda y bravía. Era la barbarie;...tiene sus encantos, es algo hermoso que vale la pena vivirlo, es la plenitud del hombre rebelde a toda limitación 

Bárbara también es producto del medio -en su carácter se unen la lujuria, la codicia, la superstición. La pureza existe apenas en su memoria, el recuerdo de Barbarita en su amor irrealizado por Asdrúbal.

A Marisela, a América, ya no basta «escarbar rastrojos» o «monear palos» para aplacar el hambre, sino de procurarse medios de subsistencia seguros y permanentes... «el paladar rechazaba aquellos groseros alimentos»... (p. 225). Se procesa el pacto de dos civilizaciones, el noviazgo de la tierra virgen con su colonizador.

América pura y joven, América que sale de la cuna salvaje para la doma necesaria, «¡tierra de horizontes abiertos donde una raza buena, ama, sufre y espera!...».

La función del mito en el espacio de Doña Bárbara es llenar una carencia que se establece al nivel de lo real. El personaje al ingresar   —115→   en el orden de lo real y perdiendo la ambigüedad, puede recobrarla al nivel del sueño.

La estructura romanesca es la búsqueda, por parte de la libido (o el yo que desea) de una realización que la libere de las angustias de la realidad, pero que contenga esa realidad. En términos rituales, es la historia de la fertilidad sobre la tierra estéril.

La familia paradisíaca es la vivencia sin secretos de padre, madre e hijo. La pérdida de uno de los elementos es la deconstrucción, posibilitando el cambio. La manutención de la situación padre-hija, en Doña Bárbara implicaría la transformación de Marisela en la madre, en la medida en que llenaría sus funciones. Tal situación no puede existir al nivel de lo real. De ahí, un viaje de huida al deseo (prisión en lo real).

Lo real y lo imaginario son dos escenas codificadas. Lo real en Doña Bárbara es el lugar de referencia, el campo en oposición a la ciudad, donde los acontecimientos tienen lugar. La palabra social o comunitaria es tomada como verdad/realidad. Lo nuevo, lo distinto, sin lugar en una comunidad donde las posiciones están definitivamente señaladas, representa lo imaginario. Los dos órdenes se enfrentan: Santos Luzardo, preso a lo real, no tiene posibilidad de conocimiento a este nivel. La visión que tiene del otro (real) es también imaginaria.

Doña Bárbara Santos Luzardo
real imaginario

Los dos polos se conmutan entre sí. El desconocimiento que un orden tiene de otro lo lleva a la representación imaginaria. Los dos órdenes son prisiones. El pasaje de uno a otro o el nivel de la comunidad no traen la libertación: ella sólo puede darse por el rompimiento con las formas culturales. La libertación es la muerte mítica.

El narrador, espacio de tránsito, guía a sus personajes por la estrada de la narrativa. No perteneciendo a ninguno de los dos órdenes, el narrador es el que puede ver y narrar. Buscando la ruptura, o sea, el saber, esto le está prohibido: sería perder el lenguaje, o sea la posibilidad de narrar.

  —116→   

La muerte mítica es así, la adquisición de un saber que se opone al saber institucional y que no se somete a la palabra social. En ella el sujeto se completa. El otro lado es el eje vertical de la interioridad, la búsqueda/recuperación de su identidad, re-instaurando el orden paradisíaco. La verdad, única forma de libertación, sólo puede darse del otro lado: al nivel de lo real hay sustituciones de orden. La verdad es la recuperación de la unidad, de lo pleno y de la totalidad, la identidad perdida por la aceptación de la castración/fragmentación social.

Gallegos deplora la cisión del sujeto66 cuando de su entrada en la escena simbólica (en lo real) y busca la «palabra plena». Tal búsqueda no puede realizarse en lo real pues a partir de su entrada en lo real el sujeto se pierde, pero puede recobrarse en el sueño, en el mito, en la literatura. En lo literario se procesa la recuperación de la totalidad de lo real, por la posibilidad de la escritura.




5. Conclusiones
 

Centrada en la contradicción cultura X barbarie, la eterna contradicción humana, Doña Bárbara aprehende la realidad en forma dualista, en una estructura bipolar, acentuando la separación de categorías, con miras a una denuncia inequívoca del abuso y de la explotación, etapa importante en el proceso de dilucidación de la dinámica social.

La existencia de esta obra no se explica si se la despoja de la polaridad axiológica, proveniente del positivismo y su afán reformista, proyectada simbólicamente.

¡Qué admirable fortuna ésta la de un libro que se transformó en inventario simbólico de una patria y un continente! Armonizando texto y contexto, ahí está todo el proceso de la realidad americana, verdadero documento histórico y humano.

  —117→   

Gallegos, escritor identificado con su contemporaneidad, en esa «literatura de explicitación», se dedicó a una tarea de autointerpretación, a una reflexión sobre América, su destino y su historia.

Por todo esto, creemos que Doña Bárbara representa el paso de la literatura telúrica a una literatura que quiere adentrarse en el hombre, en aquellos problemas que lo hacen de aquí y de todas partes: el hombre, con sus interrogantes, frente a su destino.


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