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En México no hay nada indispensable. Es una fuerza más vieja que todas las memorias, es el origen, todo lo demás son disfraces
LA REGIÓN MÁS TRANSPARENTE: LAS VOCES DE CIUDAD DE MÉXICO

En La región más transparente México ya no es el lugar exótico que se mostraba en las crónicas de la conquista y que daba pie a recrearse en las utopías. El país es el resultado de su revolución fracasada, ya que, al concluir, sus abanderados se instalaron en el poder y olvidaron seguir luchando por la igualdad social, que era uno de sus ideales. La novela es un reflejo crítico de su tiempo, en el que es posible leer los errores de la Revolución Mexicana y cuestionar sus aciertos. La región más transparente es la primera novela del escritor mexicano Carlos Fuentes. Escrita en 1958, el título recoge el epígrafe que Alfonso Reyes realiza para su ensayo Visión de Anáhuac (1519) 2 .Por medio de esta obra, Fuentes hace que por primera vez la ciudad de México, el Distrito Federal, hable por boca de sus habitantes; en ella se escuchan y convergen todas las voces de la memoria del país. En la novela, México es como un ave fénix que muere todas las noches y resucita con cada amanecer; metáfora que nace con el fin de mostrar que su pasado prehispánico aún palpita en el presente. Así el personaje principal, Ixca Cienfuegos, adopta la figura de un guardián inamovible, una imagen pétrea que imita la estética de las ruinas del pasado que aún se encuentran en la ciudad. El lenguaje adquiere un papel fundamental, al ser la marca que señala la unión entre los dos mundos que dieron origen a la ciudad moderna, al D.F. Según Georgina García Gutiérrez en sus comentarios a la obra, “el lenguaje, la cultura popular y la totalidad, en La región más transparente, cumplen un propósito del autor: permitir que hablen los que no han podido hacerlo, ni en la literatura, ni en la historia” (Fuentes 2006: 48).

Las voces trascienden el lenguaje con el fin de mostrar un modo de vida, una particular manera de sentir. Por eso a veces se manifiestan a través del pensamiento, escrito en cursiva para diferenciarlo de los diálogos. Estas voces son resultado de una introspección que muestra al lector la cultura, la posición social, la educación y el lugar que habitan las personas que conforman la capital de México. De esta forma, los diferentes tipos de lenguaje (popular, culto, musical, etc.) adquieren una gran carga simbólica, ya que son reflejo de los sonidos de la ciudad. Fuentes imita realmente en su forma de escribir las diversas maneras de concebir el lenguaje que se perciben en la sociedad mexicana de los años 50; para lograrlo ha tenido que optar por ignorar las correcciones gramaticales, creando una novela difícil de leer para quienes desconocen todos los modismos que recoge. En palabras de Cortázar:  Con usted hay que tirarse a fondo, devolver golpe por golpe la paliza que nos pega a los lectores con cada página de su libro. Y por eso el primer reparo (ya me dirá usted algún día si está de acuerdo con todo esto). Usted ha incurrido en el magnífico pecado del hombre talentoso que escribe su primera novela: ha echado el resto, ha metido un mundo en quinientas páginas, se ha dado el gusto de combinar el ataque con el goce, la elegía con el panfleto, la sátira con la narrativa pura. No tengo el prejuicio de los “géneros literarios”: una novela es siempre el baúl en el que metemos un poco de todo. (Fuentes 2006: 48) De esta forma, los personajes dibujan el paisaje de una ciudad cuyo origen, según el mito fundacional, se debe al dios Huitzilopochtli, que ordenó a su pueblo salido de Aztlán

–Región al norte de Mesoamérica– fundar su poderosa ciudad en el lugar en que encontraran un águila sobre un nopal devorando a una serpiente 3. La capital mexicana se recrea en la memoria de México, una ciudad que fue de piedra con la construcción de Tenochtitlán, que pasaría a ser colonial después de la conquista española y, más tarde, una ciudad de palacios con el reinado del emperador Maximiliano de Habsburgo 4 . La región más transparente evoca todas estas caras de la ciudad al recordar que, de alguna forma, continúan latentes en la actualidad de México por medio de las ruinas y trazados que todavía se conservan, como el Paseo de la Reforma y Tacubaya 5 .

En la novela se percibe cómo la ciudad ha sobrevivido al paso del tiempo adoptando múltiples caras o disfraces. La ciudad es un ser vivo que, en su afán de crecer, va devorando a los pueblos de su alrededor para incorporarlos como barrios. Será su lucha por sobrevivir la que motive su expansión de forma anárquica, hasta convertirse en un ser amorfo. Por eso, aunque la acción central de la obra transcurre entre 1946 y 1952, años en que Miguel Alemán es presidente y la burguesía ocupa el poder económico, a lo largo de sus páginas se van alternando varios momentos cumbre de la historia de México.

La música, como forma de lenguaje, desempeña un papel fundamental en la novela. Muchos de sus epígrafes corresponden a letras de canciones populares, baladas o corridos revolucionarios 6; melodías que se corresponden con el pasado y el presente de los distintos personajes. Así, el ritmo de los sucesos es análogo a la música que enmarca cada situación. Incluso entre los diálogos aparecen fragmentos de canciones que no están escritos al azar, sino que refuerzan las escenas dotándolas de significado.

El México de los años 40 y 50 La sociedad que Fuentes refleja en su novela contradice la imagen idealizada de la capital que el Cine de Oro mexicano 7 estaba dibujando en esa época. En la obra puede leerse cómo, con el final de la Revolución, surge la necesidad de dotar a México de una estructura organizada; sería ésta la que posteriormente forjaría las bases del capitalismo mexicano, catalizador que impulsa el surgimiento de la burguesía como nueva clase social en el poder. Es decir, la Revolución Mexicana no se ve como un logro sino como una traición, pues nació del sentimiento de crear una igualdad social que finalmente no se refleja en la ciudad. Fuentes hará hincapié en esta imagen al mostrar los contrastes que existen entre la gente rica y la gente pobre 8 . Las imágenes del Cine de Oro tienen un papel muy importante en la novela porque sirven para contrastar la visión idealizada de la capital mexicana y su realidad. Fuentes jugará con las imágenes representadas por las estrellas del cine de ese tiempo y las hará converger con figuras auténticas. Los personajes de la novela pretenden ser personas de carne y hueso que se alejan del estereotipo del galán televisivo. Por ejemplo, en el Cine de Oro el icono de la clase obrera es Pedro Infante, un actor bien parecido que en la trilogía melodramática Pepe el toro muestra los problemas que genera la migración de la población del campo a la ciudad y la vida de los barrios pobres de la capital.

De la misma forma, la pantalla grande hará de Jorge Negrete la figura del charro por antonomasia. Negrete dará a conocer la música ranchera por todo el mundo, y dentro de México será el galán a imitar, sobre todo por las personas de escasos recursos. Al mismo tiempo que la música ranchera se populariza, un escenario va cobrando mayor fuerza: la Plaza Garibaldi. La plaza se hará famosa por ser el punto de reunión de los grupos de mariachi. De cierta forma, la música mariachi encarna una manera de sentir general que se relaciona con lo patriótico, “lo mexicano”, sentir que se recoge en la novela y que caracteriza a los personajes.

 

El paisaje de la ciudad de México se completa con Acapulco. El puerto de las  escapadas de fin de semana tanto para la familia rica como para la pobre. Aunque Acapulco está situado a más de 320 kilómetros de distancia de la capital mexicana y ubicado en el estado de Guerrero, es en este periodo cuando se consagra como el patio de recreo de la capital, vista ya como una ciudad sin límites territoriales definidos. En esta época la ciudad vivirá sus principales contrastes: se viste de elegancia con la música de los boleros, mientras se populariza el mariachi en las cantinas y desfila por sus calles el auge de los pachucos 9 . Otro punto fundamental es que, en los años en que Mateo Alemán es presidente de México, la ciudad se transforma con el nacimiento de nuevos barrios y colonias residenciales. Su nueva fisonomía estará marcada por la construcción de rascacielos, que se levantan gracias a la bonanza de los negocios especuladores de bienes raíces. México vive una evolución en su trazado, de forma tanto vertical como horizontal. Las mansiones de la época del Porfiriato 10 inician su declive, transformándose en restaurantes, cafeterías y vecindades.

Todos estos elementos aparecen debidamente representados a lo largo de la novela. De hecho, el cine es una pieza clave a la hora de leer la forma en que se estructuran las escenas y se mantienen los diálogos. El cine articula tanto la vida ficticia de esos personajes como la vida real de México en esos años.

Las voces de la ciudad

En las páginas de la novela transcurre la vida de más de ochenta personajes que el autor divide –para su mejor comprensión– en diferentes grupos, prototipos que conforman la sociedad de ese tiempo: los de Ovando, los Zamacona, los Pola, los burgueses, los satélites, los extranjeros, los intelectuales, el pueblo, los revolucionarios y los guardianes.

Una de las voces del pueblo está representada por el personaje de Gabriel. Él encarna la vida de los barrios bajos que se encuentran en las márgenes de la ciudad. Es un espalda mojada, es decir, que cruzó a nado el río Grande para ir a trabajar ilegalmente a Estados Unidos. Cuando regresa a México, vuelve a su casa en la colonia obrera donde reside su familia sin luz eléctrica. La vida de Gabriel transcurre entre cabarets, prostíbulos, la plaza de toros y una cantina con música popular, corridos y el mariachi.

El personaje destaca por su actitud siempre altanera y desafiante, que rompe todas las normas sociales. Es el joven sin oportunidades que vive al día y que tiene que defenderse del medio hostil en el que habita. Forma parte de la alegría de la ciudad y de su tristeza. Fuentes parodia su vida con la canción “No vale nada la vida”, que se escucha un 15 de septiembre, Día de la Independencia de México, cuando es asesinado en una cantina.

 

–Ésa mera. Y un gringote de dos metros gritándote gríser y esculcándote todito. Pero ¡qué caray! A ése no lo vuelves a ver, ni a los otros. Luego cuando sales del trabajo, pues duermes en un catre a gusto y tienes lana para ir a coger o a tomar. Se acaba la cosecha y te despachan volando. Y cuando cruzas la frontera, mano, pos hasta recuerdas bonito aquellas tierras. Acá no ves más que tierra seca y indios mugrosos, mano. Como que no crece nada, mientras que del otro lado [...]. (316)

Según recoge Georgina García (Fuentes 2006: 311), la construcción del habla popular de los barrios pobres de México está ligada al grado de bilingüismo que poseen las personas con respecto al español y otras lenguas nativas como el náhuatl, el otomí, etc. Las personas que han emigrado a Estados Unidos incorporan incluso palabras y expresiones de origen inglés, dado que estas palabras se refieren a la realidad a la que tienen que hacer frente. El párrafo anterior es un fragmento del diálogo que mantiene Gabriel con su amigo Beto sobre su experiencia en EE UU 11 .

El nuevo poder de México, el círculo urbano que nace con la burguesía, está representado por la figura de Federico Robles, un banquero que tiene su origen en el campo y que fue soldado de la Revolución. El hombre con rasgos indígenas pero muy rico será el nuevo personaje que desfile en las fiestas de la clase alta generando un fuerte contraste, pues no posee ni la educación ni el lenguaje con el que se maneja la gente de ese grupo social.  Robles representa también la corrupción, uno de los grandes males del país. A su lado está Norma Larragoiti, la mujer distinguida y rubia que le da la clase que él no puede poseer por su aspecto. Paradójicamente, la familia de Norma Larragoiti es pobre pero, gracias a su belleza, ella pudo introducirse en el cerrado círculo de la clase alta y casarse con un nuevo rico. En varias ocasiones Fuentes se refiere a este personaje como “la nueva soldadera”. Las soldaderas eran las mujeres de los revolucionarios, que algunas veces los acompañaban en sus expediciones 12 ; tuvieron un papel fundamental en aquel momento como soporte y apoyo de la Revolución. El papel que desempeña Norma es el de dotar de una imagen distinguida a la burguesía, la imagen del nuevo poder que estará presente en todo momento. El hogar en donde habita la pareja presenta tantos contrastes como estas dos figuras: una casa de estilo Californiano construida en las Lomas de Chapultepec, uno de los nuevos barrios levantados después de la Revolución, decorada de forma colonial.

El recinto de ese nuevo poder burgués, la oficina de Robles, estará en la cima de un edificio de la Avenida Juárez, calle que vio desfilar los sucesos más importantes de México, la arteria aorta de la ciudad. Robles es sólo apariencia, deja de ser un importante banquero en los límites de la ciudad y vuelve a convertirse en uno más del pueblo cuando se queda en la ruina. Este personaje reproduce la forma cíclica que estructura la novela: el poder nace del pueblo, la tierra; se eleva al cielo, la cima de su oficina, y posteriormente vuelve a la tierra, a su origen. La construcción cíclica del relato también se aprecia en la figura de Gladys García, la fichadora de cabaret. Gladys es el personaje con el que Fuentes abre la novela, describiendo su paseo por las calles durante las mañanas heladas, y el personaje con que la cierra, al ser la última con quien Ixca mantiene contacto. Al final de la novela Gladys ya no camina rumbo a casa, sino que fuma un cigarro parada en un puente durante las primeras horas del nuevo día que vuelve a emerger.

Si el espacio que encarna la burguesía no está del todo definido, puesto que se mueve continuamente de un sitio a otro, la clase alta de México se mantiene inmóvil. Ésta se encuentra enmarcada tanto por la música de moda como por los boleros y el chachachá o por la música clásica. Se distingue porque posee un linaje que no otorga exactamente el dinero, sino que más bien se debe a la educación y el entorno en el que se criaron estas personas. Así, la familia rica que lo pierde todo con la Revolución sigue siendo distinguida, lo que no ocurre en el caso del nuevo rico. El lenguaje de la clase alta se mezcla con el inglés, el francés, el latín y el alemán. Es ostentoso al igual que sus hogares. Será sobre todo en las voces de la burguesía y de la clase alta donde asomen la ironía, la crítica y el humor del escritor. Como puente entre los dos mundos, el pueblo y la burguesía, se encuentra Rodrigo Pola, el poeta. Pola frecuenta los grupos literarios de la época, pero también se filtra en las fiestas de la clase alta, en donde pasa desapercibido.

Las observaciones que le hace Natasha, una mujer de clase alta, son incisivas, y desvelan las críticas de Fuentes hacia los intelectuales, la burguesía y el machismo de México. Natasha dice: “Todo es cuestión de alas querido. Con alas: mariposa. Sin alas: gusano. Voilà! Convídame un drink” (297). Es curiosa su manera de pensar: “Aparentar ser un pobre diablo y luego sorprender a todos con su éxito”. Posteriormente, Pola se hará rico al convertirse en guionista de cine de historias comerciales, cursis y ridículas. En una fiesta es presentado formalmente a la clase alta, la misma que antes le ignoraba y que después fingirá sorpresa y entusiasmo por conocerle. Pola es el hijo de un padre que ha muerto fusilado en la Revolución y de una madre que tuvo que criarlo sola. Es la imagen del poeta que prostituye su profesión de escritor y busca el éxito en su afán de definirse dentro de la nueva sociedad mexicana. Los escenarios que recorre son por ello dispares, y fluctúan a lo largo de la novela.

El México pétreo está encarnado en el personaje de Teódula Moctezuma. Teódula

mantiene vivo el pasado prehispánico y representa el sincretismo de la religión católica en México. Vive en un Jacal, en Balbuena, uno de los pueblos que se convierten en barrios de la ciudad. Debajo de su hogar posee un sótano funeral en el que están enterrados sus hijos y su esposo 13 , cuyas calaveras llevan grabados en la frente sus nombres. En la tradición popular del Día de Muertos, en México se construyen altares que se adornan con calaveritas de azúcar y se ofrecen a los espíritus de los fallecidos, que esos días regresan a casa. Teódula es la memoria viva y perpetua de la ciudad. La viuda espera que al morir le sea otorgado un sacrificio, que dará paso a la resurrección o restauración del pasado prehispánico. Ese sacrificio se hace realidad cuando Norma Larragoiti muere en un incendio en su casa. Teódula abrió los ojos, los clavó sobre el rostro desencajado de Cienfuegos, y dijo con una voz que jamás se escuchó, que de haber resonado sólo pudo hacerlo en un tiempo muerto y olvidado, sepultado en agua y cenizas y caracolas y piel de tambor, una voz de escamas más que de palabras: –Nos acercamos a la división de las aguas. Ellos morirán y nosotros resucitaremos al alimentar. Hemos pagado nuestro tributo de sueños; la ciudad lo pagará por nosotros. Arca de turquesas, corazón de piedra, viento de serpientes, no sueñes más. (448) Para Francisco Javier Ordiz, Ixca Cienfuegos es el personaje que integra la obra al ser el encargado de buscar a la persona apta para el sacrificio que le pide su madre Teódula (vid. Ordiz 1987). Ixca es la figura más enigmática y ambigua de la novela, incluso los otros personajes a lo largo de la obra se preguntan sobre su profesión y procedencia. Ixca es la personificación de la ciudad y también, según Octavio Paz, su conciencia. En la novela interactúa con los otros personajes adquiriendo diversos papeles: confesor, enterrador, espectador, etc. Para el lector es un guía a través de la ciudad y de las personalidades que la habitan y que forman su historia. Ixca no revela de forma terminante sus pensamientos o creencias. En ocasiones representa la nostalgia por el pasado prehispánico. De esta forma, es testigo de la resurrección de la ciudad día a día al contemplar su amanecer; una figura que siempre está a la espera del sol, aunque su presencia parece sumergida en las sombras, como una figura de piedra que se pierde en el escenario.

Mi nombre es Ixca Cienfuegos. Nací y vivo en México, D.F. Esto no es grave. En México no hay tragedia: todo se vuelve afrenta. Afrenta esta sangre que me punza como filo de maguey. Afrenta, mi parálisis desenfrenada que todas las auroras tiñe de coágulos. Y mi eterno salto mortal hacia mañana [...]. (143) Algunos de los elementos que le acompañan en ciertas escenas son símbolos ligados a la tradición prehispánica de la ciudad de México; por ejemplo, la lluvia y el agua. En la

escena en que Ixca está enterrando a Rosenda Zubarán de Pola, madre de Rodrigo Pola, Fuentes describe cómo la lluvia parecía convertirse en el líquido de una placenta. Esta metáfora unida al significado de la palabra México, el ombligo de la luna, convierte a la ciudad en el punto en el que se nutre todo el ser cósmico que le da forma. Fuentes también menciona que los rostros del pueblo, reunido en el Zócalo para festejar el Día de la Independencia, forman una laguna negra que representa las fauces de la ciudad. Otros símbolos importantes son el sol y la sangre. Los aztecas también eran llamados el pueblo del sol por el papel preponderante que desempeñaba el astro en su religión. En la novela, el sol interactúa con los demás personajes, con sus rayos los besa y los toca. Las escenas de sangre también aparecen vinculadas con Ixca 14 : cuando muerde los labios de Norma y los hace sangrar, o cuando él es mordido por un niño pobre en el Zócalo. En la religión azteca la sangre de los sacrificios humanos alimentaba al sol.[...] las uñas en la carne, la boca gimiendo, los ojos implorantes. Norma sintió que una marejada de sol la levantaba y la arrastraba y la dejaba caer en una estela de ceniza honda y aérea que corría sola, a espaldas de ese sol, esclava de su ruta, y volvió a clavar las uñas y los labios mientras el aliento de Ixca Cienfuegos entraba, como un escape de vapor, a su oído: –¿lo harás, Norma, lo harás? (422) La unión del sol y la sangre se puede contemplar en la escena en la que Ixca y Norma están solos en la alcoba de ella.

Toma el poder, te pertenece. No necesitas otra cosa. Y yo no te daré el gusto de que sientas mi carne hasta que te tragues todas mis palabras, te den náusea y te embaracen como a un pulpo, hasta que las hagas tuyas. (422) Ixca no tiene una voz propia, sino que es la suma de todas las voces. Es él, su voz, la que da comienzo a La región más transparente y será su misma voz dual, etérea y terrenal, la última que se escuche en la novela. Ixca nace de la ciudad y vuelve a ella, sumergiéndose en todos sus rincones.[...] Ciudad perra, ciudad famélica, suntuosa villa, ciudad lepra y cólera hundida, ciudad. Tuna incandescente. Águila sin alas. Serpiente de estrellas. Aquí nos tocó. Qué le vamos a hacer. En la región más transparente del aire. (147)

En el momento en que Carlos Fuentes escribió su novela, la ciudad de México contabacon cuatro millones de habitantes, por lo que fue posible recogerla en una obra global. Cincuenta años después de la publicación de La región más transparente, la ciudad de México, el D.F., cuenta con 8 720 916 habitantes 15 y sigue extendiéndose y adquiriendo personalidad con cada una de las distintas delegaciones y barrios que la forman.

 

Bibliografía

FUENTES, Carlos (2006): La región más transparente. Edición de Georgina García

Gutiérrez. Madrid: Cátedra.

MENDOZA, Vicente T. (1976): El corrido mexicano. México: Fondo de Cultura Económica.

ORDIZ, Francisco Javier (1987): El mito en la obra narrativa de Carlos Fuentes. León:

Universidad de León.

PÉREZ GUERRERO, Juan Carlos (2000): La religión azteca. Madrid: Orto.

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1 Para redactar este artículo utilicé la edición Letras Hispánicas (Fuentes 2006), con un estudio introductorio y notas de Georgina García Gutiérrez que se citan en la misma edición. En las citas de la novela indicaré, únicamente, la página en donde se encuentra el fragmento.

2 Alfonso Reyes desarrolló Visión de Anáhuac (1519) durante su estancia en Madrid en 1915. En su obra el Valle de México es descrito como un lugar paradisíaco, tal y como debió parecerles en 1519 a los conquistadores españoles.

3 El escudo de la bandera de México simboliza este encuentro. Tenochtitlán fue fundada en 1325 sobre un islote que fue ampliando su tamaño artificialmente sobre el lago Texcoco.

4 En este periodo se trató de reconstruir la capital mexicana a imagen y semejanza de las ciudades europeas.

5 El paseo de Reforma se construyó siguiendo el modelo de la Avenida Louise de Bruselas por indicación de Carlota de Habsburgo. Tacubaya es uno de los barrios del D.F. de origen prehispánico.

6 El corrido mexicano es una expresión artística, popular y musical que deriva del romance español. Durante la Revolución Mexicana se hicieron muy populares (vid. Mendoza 1976).

7 La etapa que comprende el Cine de Oro mexicano va de 1935 a 1958, año en el que muere Pedro Infante y con él, simbólicamente, el momento de auge del cine mexicano.

8  En la novela, Fuentes hace converger en un mismo punto dos realidades contrapuestas; por ejemplo, el Monumento a la Independencia, insignia de la ciudad, y el indígena que camina d escalzo frente a ella, imágenes que, no obstante, forjan la identidad de México.

9  Personas de extracción popular que intentan vestirse elegantemente e imitan la moda norteamericana en los años 50.

10  Se conoce como Porfiriato al periodo anterior a la Revolución, cuando Porfirio Díaz ocupa la presidencia de México durante 31 años. En esta época las familias de origen europeo ostentan el poder económico.

11 En el Cine de Oro, Cantinflas encarnará la imagen cómica del tipo barriobajero que posee una peculiar forma de hablar en la que toda sintaxis pierde sentido. Cantinflas es mencionado incluso por estos personajes, que incorporan el nombre como una forma de expresar incertidumbre.

12 Las soldaderas también eran llamadas Adelitas. Algunos de estos personajes han quedado

inmortalizados en corridos revolucionarios que llevan por nombre La Rielera, La Adelita y Valentina.

13 De esta forma Fuentes incorpora una de las tradiciones prehispánicas más importantes que es el culto a los muertos.

14 Aunque también existen algunos episodios en los que la sangre va acompañada de la muerte, como es el caso de los asesinatos de Gabriel y de Manuel Zamacona.