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Kai-kai la serpiente maligna. Treng-Treng, la serpiente bondadosa.
LEYENDA MAPUCHE: TRENG-TRENG Y KAI-KAI

Publicaré dos versiones. La primera es la recopilada por Miguel Angel Palermo que aparece en "Cuentos que cuentan los mapuches" de la colección "Cuentos de mi país", editada por la secretaria de cultura de la Nación en 1986, y que es el libro que leí cuando era pequeña. La segunda, más autóctona, por así decirlo, es la transcripción de la narración oral realizada por Rayén Santul, machi de la reservación de Nahuel Pan. Dicha transcripción aparece en el libro "Cuentos, mitos y leyendas patagónicos - selección y prólogo de Nahuel Montes" publicado en el 2000. 

Kai-kai la serpiente maligna. Treng-Treng, la serpiente bondadosa. 

 

Treng-Treng y Kai-Kai
Miguel Angel Palermo
Los mapuches dicen que hace mucho. mucho tiempo - hace casi sesenta mil años - había dos víboras enormes: una se llamaba Treng-Treng y la otra, Kai-Kai. Treng-Treng era enorme de veras, grande como una montaña; era muy buena y quería a la gente. Kai-Kai era también grandísima, igual que la otra, pero no quería a las personas.
Un día Kai-Kai quiso destruir todo: empezó a mover su corpachón y así hizo crecer el agua de los lagos y del mar. Todo se empezó a inundar.
Pero Treng-Treng vino enseguida para ayudar a los mapuches: se puso a pelear con la otra víbora gigante y, como el agua crecía y crecía, arqueó el lomo para arriba, silbó fuerte y la gente, al escuchar el silbido, vino corriendo y empezó a subir por su cuerpo para escaparse de la inundación.
Treng-Treng y Kai-Kai peleaban y peleaban: una seguía subiendo el lomo más y más para que las personas no se ahogaran y la otra seguía meta dar coletazos para que el agua creciera y creciera. Así se pasaron días enteros.
La gente no la pasaba muy bien: algunos, los que eran más miedosos, por el susto se convirtieron en piedras (por eso en las montañas a veces se ven rocas que tienen forma de hombre o de mujer); otros se enojaron tanto porque la inundación no paraba que se acabaron transformando en pumas y yaguaretés; a otros, que eran más lentos en subir, los alcanzó el agua y se volvieron peces y sapos.
Treng-Treng arqueó tanto el lomo para que no los tapara el agua, que casi tocó el cielo. Así fue como de las pocas personas que quedaban sin transformarse, a algunos se les quemó el pelo con el sol, y por eso ahora hay gente pelada.
Al final, Kai-Kai se cansó de pelear y de sacudirse, se quedó quieta, el agua empezó a bajar y Treng-Treng fue aplastando el lomo. 
Cuando el agua volvió a los lagos y al mar, los pocos mapuches que habían quedado recorrieron la tierra y vieron que ahora les gustaba más que antes: estaba limpia y linda, con los árboles verdes y el pasto crecido y tierno, y el aire más puro. En fin, la tierra estaba rejuvenecida.
Entre la gente, ya no había más miedosos (se habían convertido en piedras) ni furiosos (ahora eran fieras); todo era mejor.
Esos mapuches tuvieron hijos y estos hijos se casaron y tuvieron más hijos, y en poco tiempo todo estaba lleno de gente, como antes; de ellos descienden todos los mapuches de hoy.
Y ellos dicen que cada muchos miles de años, cada vez que la tierra se pone vieja y cansada, aparece Kai-Kai y arma la inundación, pero que siempre Treng-Treng está atenta a lo que pasa (aunque parezca dormida y se la confunda con una montaña donde crecen árboles y todo) y viene enseguida para salvar a los buenos, a los que saber ser corajudos pero pacientes. 

 

Nota: Las letras "ng" por ejemplo en Treng-Treng, en el texto original están representadan por la letra griega Mi (o mu como también suele denominársela). El uso de dicha letra griega es simplemente una cuestión fonética: la letra g precedida por una n apenas marcada. Pero, como desconozco como usar el símbolo en blogger, en reemplazo colocaré "ng" donde sea adecuado.

 

Treng-Treng y Kai-Kai
Nahuel Montes

Kai-Kai, la filú malévola, habitaba el submundo que se encuentra debajo de las aguas, y un día aburrida, comenzó a hacer que estas subieran anegando la tierra.
Pero en los cerros que encierran las aguas, vivía Treng-Treng, la culebra amiga de la tierra seca y fértil, quien aconsejó a los mapuches que subieran a las cumbres para así escapar a la inundación.
Enojada, Kai-Kai, hizo subir más y más las aguas, pero Treng-Treng le respondió haciendo subir más y más las mahuidas y con ellas los mapuches que habían trepado hasta sus cumbres. Algunos no pudieron salvarse; esos se convirtieron en peces, en rocas, y en plantas que viven en el fondo del agua. Los que se salvaron hicieron sacrificios, y el agua se calmó, la lluvia cesó y las montañas dejaron de crecer.
Los que se salvaron de la ira de Kai-Kai volvieron al llano, se esparcieron por la Mapu y poblaron los valles. Así nacimos los mapuches, la reche.

* Antiguo poema mapuche mencionado y recopilado durante las Jornadas de Lengua y Literatura Mapuche llevadas a cabo en Temuco, Chile, en 1983.



Así idealiza la cosmogonía mapuche la creación del hombre; a continuación veremos una versión contemporánea de esta leyenda, relatada por doña Rayén Santul, anciana machi de la reservación de Nahuel Pan, en la localidad de El Bolsón, provincia de Río Negro. 
Estos sucedidos pasaron en los tiempos de muy antes, cuando en la Mapu sólo había reche, los verdaderos mapuches de raza - comenzó Doña Rayén, mientras tramaba prolijamente una urdimbre nueva en el telar vertical, herencia de sus ancestros -. A mí me lo contó mi kuku, pero ella también lo escuchó cuando era una hue malén (niña), porque viene de muy antes.
Resulta que una vez apareció un füta huentru (anciano) que decía que venía de parte de Ngenechén (creador), a avisar que Kai-Kai filú (serpiente) estaba enojada, y que iba a mandar un aguacero que haría crecer las aguas hasta tapar toda la Mapu. Así que había que subir rápido a la mahuida (montaña) Treng-Treng para salvarse a sí mismo.
Por aquellas épocas, si no llovía, se hacía una gran Ngillatún (fiesta rogativa), en la que participaban muchas familias, se reunían todos y marchaban hasta el lago Epuyén o al Fütalafkén, y golpeaban el agua con ramas de pehuén para despertar a Kai-Kai y hacerla enojar. Y después, cuando se desataba la tormenta, había que vivir al raso nomás, sin refugiarse debajo de las rukas (tienda), ni buscar reparo alguno hasta que cesaran las primeras lluvias.
Doña Rayén interrumpió unos instantes la relación mientras comenzaba a tramar la urdimbre, y luego continuó: - Aquel año hicieron la rogativa, y al poco tiempo la Kai-Kai filú estaba tan enojada que no se contentó con invocar a la pillañ mahun (demonio de la lluvia) para que desatara un verdadero diluvio, sino que también comenzó a agitar las aguas con la cola, provocando unas olas tan grandes que los animales comenzaron a morir mientras las cosechas se perdían cubiertas por las aguas.
Los reche comenzaron a correr desesperados, sin saber adónde ir, hasta que algunos de ellos recordaron el mandato de füta huentru y comenzaron a ascender dessesperadamente las laderas del Treng-Treng huingkul (cerro). A su lado trepaban animales como el ngürú (zorro), luan (guanaco), pudú (pudu), panji (puma), nahuel (tigre)... Pero cada vez debían trepar más alto, porque las aguas seguían subiendo, y pronto tuvieron que comenzar a trenzarse sombreros de cañas, para que Antú (sol) no les quemara el pelo. Y así fue como quedaron con la piel oscura, así como la tenemos ahora, por haber estado tan cerca del sol.
asó siguieron subiendo durante muchas noches con sus días, y los mapuches que caían se convertían en peces y los animales en rocas - continuó la anciana mientras movía rítmicamente la lanzadera del telar-. Y tanto griterío se armó entre los relinchos de Kai-Kai y el escándalo de la gente, que despertó Treng-Treng, que dormía plácidamente en lo más profundo de la montaña.
Entonces Treng-Treng, para que los animales y los hombres que quedaban no se murieran, se encorvó todo lo que pudo, apoyó el lomo contra el techo de su cueva y levantó la mahuida hasta que de nuevo la cima estuvo por encima de la superficie, encrespada y furiosa por los coletazos de Kai-Kai. Y más diluviaba, y más empujaba Treng-Treng la cordillera, hasta que todo el mundo se había inundado y sólo los cerros sobresalían de las aguas. Pero la kümei (bondadosa) filú se enroscaba sobre sí misma y siempre mantenía la cima por encima de la superficie.
- Hiihihihihihiiii - relinchaba ensordecedoramente la huedañma (maligna) filú.
- ¡Treng.treng, Treng-treng! - respondía con su bramido la serpiente buena.
Y el agua subía, pero la montaña también crecía - afirmó la tejedora, después de una pausa para acomodar unos hilos rebeldes-, manteniendo a salvo a la reche. Pero kai-kai no estaba dispuesta a dar el brazo a torcer y, gritando más que nunca, trató de sacar a la gente y los animales de la cueva de Treng-treng, donde se habían refugiado. Para eso sacó del agua la parte de arriba del cuerpo y se aferró con los cascos de una roca muy grande, para así poder llegar hasta arriba de todo. Pero Teng-treng estaba alerta y con un fuerte coletazo la desprendió de la ladera de la montaña y la arrojó al fondo del lago, junto con una roca, que le cayó encima y la aprisionó para siempre.
Inmediatamente dejó de llover; las aguas se aquietaron y pronto comenzaron a menguar, así que los mapuches que quedaban pudieron bajar de nuevo a los llanos. entonces hicieron un gran tanyi (canto) de agradecimiento a Treng-treng que los había salvado de su eterna enemiga, la Kai-kai filú.
Y cuentan los ancianos que a partir de ese día la Treng-Treng mahuida está apoyada sólo sobre cuatro rocas gigantescas, y que volverá a flotar si algún día Kai-Kai consigue liberarse y vuelve a provocar inundaciones y diluvios.
Y esto es lo que sucedió hace tantísimo tiempo, cuando sólo había reche sobre la faz de la Mapu, y que hoy solamente lo sabemos por las historias que nos cuentan nuestras abuelas y que a ellas les fueron contadas por las suyas - concluyó doña Rayén, suspendiendo el tejido y las narraciones hasta la jornada siguiente.
Como puede apreciarse a simple vista, la batalla de Kai-Kai y Treng-Treng constituye una nueva versión de la sempiterna lucha entre el bien y el mal, universalmente presente en todas las cosmogonías primitivas, y que culmina con la depuración de una humanidad descarriada, o que estaba perdiendo de vista los principios y los axiomas instaurados por su Creador.
A lo largo de toda la cordillera, desde Neuquén hacia el sur, e incluso en territorio chileno, existen varios cerros originalmente llamados Treng-Treng por los mapuches, como así también numerosas rocas zoomórficas que las leyendas araucano/mapuches atribuyen a los cuerpos de los animales petrificados durante el gran diluvio.
Cabe destacar que estos sitios, muchos de ellos ubicados en remotas islas en medio de los lagos, fueron escenarios de ngillatún y kamariku (festejo) durante siglos y hasta hace relativamente poco tiempo atrás, e incluso algunos de ellos, como la Roca del Nahuel, en la Isla Perdida del lago Epecuén, aún son respetados y venerados por los mapuches que todavía luchan por mantener vivas sus tradiciones ancestrales.