El joropo como disputa cultural.

“… como estamos hablando del joropo llanero, incluye las formas musicales románticas, tonadas, pasajes, el vals pasaje y las formas musicales recias, Pajarillo, Seis por Derecho, Guacharaca, Gabán, Chipola, Quirpa, Periquera, entre otros; me encanta tocar el pasaje típico… para ello estamos hablando de los pasajes de Francisco Montoya, Jesús Moreno, Eneas Perdomo; que  permiten recrearse con los Bajos del arpa porque poseen una gran riqueza musical, natural, como las corrientes del Rio Apure y la belleza del llano Venezolano”

06 May 2019 0 comment  

 

La referencia anterior fue conversada con el  arpista barinés Carlos Abreu y permite ir al encuentro de una de las tantas metáforas emanadas del joropo como expresión musical.

Hace presencia en el testimonio de Abreu el simbolismo del agua “en las corrientes del río” y de la belleza “en la llano venezolano”. Así se avanza hacia territorios más complejos del hecho musical. En el campo antropológico, la música permite expresar estructuras mentales comunes a quien las escucha y a quien las produce.

La música se convierte en lenguaje que permite la persistencia de prácticas valores y sentidos de pertenencia social. Pero además de las estructuras mentales comunes en la memoria colectiva, la música también permite hacer visible las relaciones y estructuras. Se trata de que además de la función socio cultural, simbólica o estética de la música, está también la sociológica que da cuenta de la eficiencia social al permitir emanar un sentido de pertenencia social e histórica.

El poeta y músico, también de Barinas,  José del Carmen Arias, nos puede ayudar a discernir el concepto de eficiencia social de la música:

En ese tiempo (mediados del siglo XX), eran el Corrío Llanero y el Merengue Llanero posteriormente el Joropo Llanero, que nace del enlace del Arpa de Ignacio “El Indio Figueredo” que es el arpa origen, que es la misma arpa de Omar Moreno, de Cándido Herrera, de Armando Guerrero, de Joseito Romero… con el arpa de quien aún vive que es Urbino Ruiz, él hace el enlace de las dos arpas, porque el arpa del corrío movía mucho lo que era el “Tenorete” y el Bordón; y la nueva Arpa le vio más interés y proyección al Tiple …Vienen las primeras grabaciones … el Pajarillo llanero…el “Seis por Derecho” … el “Seis Numerao”, la Catira Marmoleña, quien la popularizó, en Canto fue Ángel Custodio Loyola… el Gabán … creación del Ignacio “Indio” Figueredo … el Carnaval Llanero …la Guacharaca, que es una versión del joropo llanero completamente “clásica”.… Después nacieron otras versiones, el Pasaje Llanero y uno de sus creadores es Antonio Barcey…Eneas Perdomo, Jesús Moreno…Luego… el Vals- Pasaje del llano… creado por Juan Vicente Torrealba … estuvo Mario Suarez, Rafael Montaño Héctor Gurmeitte…”. José del Carmen Arias. (2018) 

Podemos igualmente recrearnos en el testimonio de la bailadora  Keyla Unda quien muestra cómo en el joropo se expresa lo simbólico y lo practicado socialmente como parte de una misma estructura relacional:

“…El joropo… abre todas mis pasiones, hay una de esas pasiones que se hace acción y es bailarlo, cualquier ritmo es divino, sea Quirpa, Pajarillo, Gabán, lo que sea, con Bandola o sin Bandola, hasta con Mandolina que por cierto cansa bastante…vamos bien, vamos trabajando en él para que llegue a más muchachos, sea bailando, tocando, cantando, siempre y cuando se mantengan sus ritmos criollos, sus elementos y su esencia. Podemos evolucionar sin dejar atrás todo esto que hemos venido cuidando nosotros los venezolanos, cosa que nos diferencia de los colombianos que bien sabemos son muy creativos… nosotros con la esencia y ellos con el modernismo, aun así es un solo joropo que está invadiendo y está traspasando fronteras. Hay joropo para todos los gustos y eso es ¡buenísimo!”

 

Otra perspectiva ineludible al pensar en clave de joropo es su asociación a la geografía como lugar Antropológico, es decir, el lugar que identifica, relaciona, que otorga sentido de pertenencia e histórica y genera identidad. Leamos a esta maestra del joropo.

“Mi nombre es Mireya del Carmen Rojas, apureña, barinesa de corazón. Instructora de joropo del Instituto Autónomo de Cultura del Estado Barinas, donde voy a cumplir 20 años de Instructora. Mi recuerdo más lejano es cuando viajaba a Guasdualito, yo tenía familiares allá y nos íbamos todos en Semana Santa. Llegábamos el miércoles y desde que llegábamos era a bailar, era una parranda, buscaban los músicos y en el patio bailábamos, se regaba el patio con agua y a bailar, eso era toda la noche. Ese otro día era matar un cochino o una ternera porque seguía la parranda en la noche otra vez, durante el día no bailábamos porque era en el patio y era una casa muy pequeña pero el patio grandísimo. Esos son mis recuerdos lejanos, de esa tía que vivía de Guasdualito a dos horas hacia adentro, en el propio campo. Cuando nosotros llegábamos se corría la voz “llegaron las hermanas de Julia, vayan porque allá lo que hay es una parranda de 3 días”;  y era verdad, yo me acostaba y escuchaba la Bandola o el Arpa clarito y no podía seguir durmiendo, tenía que pararme a seguir bailando, amanecía bailando, dormía durante el día, si nos dejaban dormir porque siempre era bochinche, le cortaban los colgaderos a uno si se acostaba, imagínate era la familia, esa era mi familia, eso era por allá en el año 1982”. Mireya del Carmen Rojas (2018)  

El joropo visto así se convierte en lenguaje metafórico que demanda un espacio de realización, de pertenencia, de identidades a través de unos sujetos antropológicos colectivos, llamados también generaciones.

Las generaciones  se disputan a lo interno de las estructuras sociales, la legitimidad cultural de la manifestación. Vamos a recrear esa disputa generacional a lo interno del joropo, leamos al maestro Antonio Ramos. 

“...En el futuro el joropo espero que siga siendo como antes porque no tenemos que cambiarle es nada, cambiar algo de nuestro joropo es traicionarnos a nosotros mismos. Mi joropo para mi es algo muy querido, muy estimado, muy personal de nosotros y lo tenemos que mantener y enseñarlo como debe ser, no cambiarle, si nos piden un baile de joropo criollo sabemos lo que es un joropo criollo, ahora si puede aprender a dibujar otro joropo, hacer pasos que algún otro lo hizo pero cuando nos pidan un joropo criollo que sepamos qué es un joropo criollo…”

 Frente a esta postura está la de quienes versionan desde su condición de nueva generación de bailadores, esta disputa. Kevin Duran nos puede recrear lo dicho.

 El futuro del joropo, realmente lo veo difícil… hay abuelitos, por decirlo así,  que son criollos y que vienen de la sabana, que todavía no quieren aceptar que hay jóvenes que quieren evolucionar, que quieren superarse, que quieren, aparte de bailar el joropo criollo, como ellos dicen, también quieren bailar lo académico, porque eso es parte de nosotros los jóvenes que queremos innovar…entonces a veces hay controversia con ellos porque ellos no aceptan que hay un joropo moderno. Así como… hay una bandola criolla y una bandola moderna, también hay un joropo criollo y uno moderno y eso se respeta…” 

Desde esta diversidad de connotaciones es importante abordar  el joropo como hecho geográfico, como hecho generacional  y como hecho musical tomando como contexto el joropo emergido y presente en los llanos occidentales venezolanos.

 

Yarisma Unda. Socióloga. Msc. Etnología y Etnohistoria. Profesora de la Universidad Ezequiel Zamora. Autora de títulos referidos a la cultura y temas de la Antropología del Sur.