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Bailar en la oscuridad', el desgarrador dueto de Björk y Von Trier

El controvertido cineasta danés Lars Von Trier, autor de obras tan sugestivas como 'Rompiendo las olas', 'Melancolía' o 'Dogville', firmó una de las cumbres de su carrera en el año 2000, sorprendiendo a propios y extraños con 'Bailar en la oscuridad', una extraordinaria incursión en el musical, fruto de su colaboración con la cantante islandesa Björk. Durante el rodaje, ambos mantuvieron una tormentosa relación profesional, con numerosos desacuerdos y sonadas broncas que llegaron a poner en peligro la continuidad del proyecto. Sin embargo, el resultado final resultó extraordinario, con la guinda de una Palma de Oro que Von Trier dedicó especialmente a Björk. Ella, sin embargo, dijo que tras la dura experiencia jamás volvería a actuar para el cine.

Björk compuso la personalísima música del film y desde el principio se interesó más por esa faceta que por la de actriz, algo que rechazó en numerosas ocasiones hasta ser convencida por Von Trier para encarnar al personaje principal de la película. De manera que la islandesa, sin experiencia previa en la interpretación, se entregó al alma del personaje con una actuación que se percibe como fruto de su absoluta implicación emocional con el personaje de Selma, una inmigrante checa en los Estados Unidos, que antes de quedarse ciega luchará hasta límites terribles por poder pagar una operación a su hijo, que sufre la misma enfermedad degenerativa de la vista.

El film da el primer fogonazo de lirismo con una obertura musical con coloristas imágenes abstractas que anticipa el mundo onírico de Selma. Y es que el personaje de Björk es una madre soltera, trabajadora a varios turnos en una fábrica de chapa norteamericana, que vive con su hijo preadolescente en una caravana estacionada en el jardín de otra familia y se evade de su gris existencia por medio de ensoñaciones musicales, fruto de su pasión absoluta a las películas clásicas de ese género.

La película comienza adscrita a los principios del movimiento Dogma 95, creado por Von Trier y Thomas Vinterberg en 1995, como defensa de un cine con un apego absoluto al realismo y la desnudez ajeana al efectismo del cine moderno, que entre otras cosas, prohibía el uso de banda sonora y glorificaba la cámara al hombro. 'Los idiotas' de Von Trier y 'Celebración' de Vinterberg, fueron las cumbres de este movimiento. Sin embargo, llegado un momento concreto de 'Bailar en la oscuridad', Von Trier rompe con su propio dogma para entregarse al cine musical, aunque no estemos precisamente ante un musical al uso...

Y es que "en los musicales no sucede nada malo", dice Selma en varias ocasiones. Y sin embargo, pocas historias más desgarradoras, duras y tristes (y a la vez hermosas) nos ha regalado el cine reciente como la de 'Bailar en la oscuridad' que, no obstante, no es ajena a gloriosos momentos de canto a la vida (el maravilloso 'I've seen it all' que Björk interpreta junto a Tom Yorke) y al amor en sus distintas expresiones (el de una madre a un hijo, el amor puro que el compañero de Selma siente por ella, o la amistad más fiel del personaje de Catherine Deneuve), que se funden con sorprendente eficacia con el terrible dramatismo de la historia.

Poema trágico

Puede haber quien le reproche a 'Bailar en la oscuridad' que el comportamiento de Selma no atienda a ninguna lógica y que el destino trágico que le espera es fruto de su actitud indolente que prioriza emociones, principios y valores sobre su propia supervivencia. Pero es fácil comprender el alma pura del personaje y evidenciar que estamos ante una hipérbole trágica, un poema fílmico, un cuento pretendidamente maniqueo que enfrenta el egoísmo y la podredumbre ética (encarnada en el personaje de Bill, David Morse, y a través de una nada velada condena de la doble moral de la sociedad norteamericana) con la bondad inocente de Selma.

Y aunque esté muy lejos de pretender ser uno de esos previsibles y bienintencionados alegatos contra la pena de muerte que tanto han proliferado, la obra de Von Trier adquiere gran fuerza cuando entra en los terrenos del drama carcelario para darle una vuelta de tuerca sorprendente, llenando de vida tan desolador entorno a través de los números oníricos de Selma (igualmente sorprenden y deslumbran las coreografías musicales de la fábrica y el juzgado).

En definitiva, 'Bailar en la oscuridad' es una delicia para los sentidos y un duro golpe en el alma. Es un film tan bello como perturbador, tan doloroso como emocionante. El número final de Björk es tan impactante que hiela la sangre a base de un riesgo lírico y estético encomiable. Von Trier camina sobre el alambre para llegar a su destino más que indemne; entregando una absoluta obra maestra y para quien esto escribe, aún hoy, probablemente su mejor película.